SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle:
-- Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado.
Él les contestó:
-- Dadles vosotros de comer.
Ellos replicaron:
-- No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.
Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:
-- Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.
Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.
Lc 9,11b-17
Hermanos: la festividad del Corpus, que hoy celebramos, despierta en nosotros -sobre todo en los que no somos de las generaciones más jóvenes- no pocas resonancias. Por ello, al detectar la creciente secularización de nuestra sociedad de hoy, nos es fácil sentir añoranza de una fe que parecía saborearse en el aire festivo de las calles, cuando la procesión de Corpus se convertía en una amplia manifestación de fe popular. ¿Qué es lo que queda, entonces, del más entrañable de los tres jueves del año que brillaban más que el sol?
-LA TRADICIÓN DEL SEÑOR (1Co 11,23-26)
La respuesta válida sólo podremos hallarla volviendo a los orígenes genuinos de nuestra fe. Y es precisamente Pablo quien, en su carta a los cristianos de Corinto que hemos escuchado, nos transmite la auténtica tradición del Corpus, la que viene del Señor y que, por tanto, no está a merced de las fluctuantes circunstancias socioculturales de turno: "El Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros... Lo mismo hizo con la copa: Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre..." He aquí el punto de referencia desde el que Pablo se atreve a amonestar a la iglesia de Corinto, cuando aquellos cristianos corren el peligro de perder de vista el sentido profundo de lo que es celebrar la Eucaristía: "He oído que cuando se reúne vuestra asamblea os dividís en bandos. Así, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro está borracho".
Y llega al punto de advertirles seriamente que "quien coma este pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y la Sangre del Señor". Esta es, por tanto, la piedra de toque para juzgar si nuestras tradiciones eucarísticas son o no cristianas. Lisa y llanamente: venerar y compartir el Cuerpo de Cristo supone venerar y compartir la vida de los hermanos, especialmente de los más débiles y marginados. ¿No corremos el peligro de examinar escrupulosamente, antes de comulgar, la paja de nuestras pequeñas inquietudes al tiempo que nos tragamos la viga de un egoísmo que nos permite vivir tranquilos como si estuviéramos solos en el mundo? Cuántos gastos superfluos, por ejemplo, con motivo precisamente de las primeras comuniones, olvidando a tantos niños que no tienen lo más indispensable para vivir... ¿Qué es lo que queda, entonces, de la tradición del Señor?
-EL PAN DEL REINO DE DIOS
En realidad, los gestos y palabras de Jesús en la última cena no fueron otra cosa que el signo y el testamento de lo que había sido su vida entera: un pan siempre a punto de ser comido por todos. "Yo soy el pan bajado del cielo; quien come de este pan no tendrá más hambre". Porque el Reino del Padre que él inauguró era precisamente esto: un banquete del que nadie era excluido.
Lo vemos gráficamente en el relato de Lucas que acabamos de escuchar, que, contiene un trasfondo netamente eucarístico. Los apóstoles llegan gozosos, pero cansados, de la misión. Jesús se encamina con ellos hacia Betsaida para que puedan descansar. Pero el gentío les estropea los planes. Y Jesús, encajando lo imprevisto, los acoge generosamente. Y con ello da a los discípulos la lección fundamental de lo que supone pertenecer al Reino: Ser signo claro de la acogida incondicional del Padre.
Vivir en función de los demás. Como un pan siempre a punto de ser comido. Este es el auténtico milagro multiplicador: la capacidad de compartir. El resto -curar a los enfermos, procurar que a nadie falte el pan, ni el techo ni el trabajo- no son más que consecuencias. Sin esta actitud previa de disponibilidad habría sido imposible hallar los cinco panes y los dos peces, mediante los cuales la fuerza del Señor puede saciar a todos, y aún sobrar. Siempre hay que partir de aquí: Vicente de Paúl, Teresa de Calcuta, Helder Cámara... Únicamente poniendo nuestra vida, como un alimento, a disposición de los demás revivimos el memorial del Señor, y, a su vez, nuestra vida se alimenta, como la suya, de gozo y de sentido. "Mi alimento es hacer la voluntad del Padre". En cambio, "el que quiera salvar su vida -como un pan en el congelador-, la perderá". "¡Dichoso el que coma en el banquete del Reino de Dios!"
-EL CUERPO DE CRISTO. ¡AMEN!
He aquí la gozosa seriedad de la fiesta del Cuerpo de Cristo.
¿Estamos dispuestos a comulgar con Jesucristo, a resucitar con él a la solidaridad y a la comunión? En el último mensaje de Pascua, Juan Pablo II afirmaba: "Cristo resucitado acoge todas las llagas del hombre contemporáneo, aquellas de que tanto se habla en los medios de comunicación y también las que dañan en el secreto de los corazones..." La mesa de la Eucaristía -el Corpus- es al mismo tiempo fiesta y compromiso, lucha y contemplación. "El Cuerpo de Cristo. ¡Amén!"
JORDI J CATALA
MISA DOMINICAL 1983, 11
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención.
que agrado encontrar la homilía acá... la extrañé en el correo esta semana.
ResponderBorrarQue tengas un buen lunes y resto de semana por allá.
Saludos desde Santiago de Chile