Hoy, ha crecido enormemente la ciencia, purificándose de miles escorias del pasado; también nuestros conocimientos religiosos deben purificarse de alguna ingenuidad ya contradicha por la ciencia y que no coincide con la auténtica revelación divina. Hoy, ha cambiado el lenguaje y el comportamiento mental de los hombres; también nosotros debemos tener el valor de cambiar de estilo, proponiendo las verdades de siempre, en un lenguaje nuevo, adecuado a los nuevos comportamientos. Existe hoy la tendencia de hacer consistir la vida religiosa "exclusivamente en actos de culto y en algunos deberes morales" (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 43); debemos, mejor, ofrecer todo nuestro ser como espacio a la verdad, permitiendo que la verdad se inserte en el centro de nuestro espíritu y que pilotee toda nuestra vida.

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