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24 de diciembre de 2014

La verdadera historia del 25 de diciembre como fecha de la Navidad

El Buen Consejo transcribe este artículo, tomado de ForumLibertas, en que se expone una mirada de la Historia que nos replantea el tema: El Nacimiento de Jesucristo, ¿se celebra el 25 de diciembre por un interés por imponer una fiesta cristiana allí donde había una celebración pagana? ¿O más bien se restableció la celebración de la Navidad allí donde los paganos impusieron una fiesta que miraba a borrar el recuerdo de Cristo? Buena lectura.

William J. Tighe

Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.
 
 
Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.
 
 
Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del "Nacimiento del Sol Invicto", instituido por el emperador romano Aurelio el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, "los orígenes paganos de la Navidad" son un mito sin fundamento histórico.

Un error

La idea de que la fecha fue sacada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas "paganizaciones" del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado, como una de las muchas "degeneraciones" que habían transformado el cristianismo apostólico puro en catolicismo.

Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, intentó demostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos para fines cristianos sin paganizar el Evangelio. En el calendario juliano, creado en el año 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno caía en 25 de diciembre y, por tanto, a Jablonski y a Hardouin les pareció evidente que esa fecha debía haber contenido obligatoriamente un significado pagano antes de haber sido cristiano.

Pero en realidad, la fecha no había tenido ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aurelio, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.

Había dos templos del sol en Roma. Uno de ellos (mantenido por el clan en el que nació o fue adoptado Aurelio) celebraba su festival de consagración el 9 de agosto, y el otro el 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos cayeron en desuso en el siglo II, en que los cultos solares orientales, como el mitraísmo, empezaron a ganar adeptos en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguos o nuevos, tenían festivales relacionados con solsticios o equinoccios.

Lo que ocurrió realmente fue que Aurelio, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil hacia el cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del "Nacimiento del Sol Invicto" como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del "renacimiento" anual del sol. Lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.

Al crear esa nueva festividad, su intención era que el día 25, en el que comenzaba a alargarse la luz del día y a acortarse la oscuridad, fuera un símbolo del esperado "renacimiento" o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero. Y si podía solaparse con la celebración cristiana, mejor aún.

Una consecuencia


Es cierto que la primera prueba de una celebración cristiana en 25 de diciembre como fecha de la Natividad del Señor se encuentra en Roma, algunos años después de Aurelio, en el año 336 d.C., pero sí hay pruebas del Este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.

¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los Evangelios Sinópticos y el Evangelio de Juan. Los sinópticos la situarían en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la describiría en la Víspera de la Pascua, en el momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día.


La solución a esta cuestión implica contestar a la pregunta de si la Santa Cena fue un ágape pascual o una cena que tuvo lugar un día antes, lo cual no estudiaremos aquí. Basta con decir que la primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y, por tanto, creyó que la muerte de Cristo había tenido lugar el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.

Por cierto, los estudiosos modernos se muestran de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., ya que éstos son los únicos años de esa época en los que la Vigilia de Pascua podían haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.

Sin embargo, dado que la Iglesia primitiva fue forzosamente separada del judaísmo, entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua. Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran "desviando" hacia meses inapropiados.

Aparte de la dificultad que debieron tener los cristianos en investigar, o quizás en ser bien informados sobre las fechas pascuales en un determinado año, el hecho de seguir un calendario lunar diseñado por ellos habría dispuesto en su contra tanto a judíos como a paganos, y seguramente también les habría sumido en inacabables disputas entre sí mismos.

El siglo II vio fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Artemision/Nisán, pero haber seguido un calendario lunar no habría hecho más que agravar estos problemas.

Estas divergencias eran interpretadas de distintas maneras entre los cristianos griegos de la parte oriental del imperio y los cristianos latinos en la parte occidental del mismo. Parece ser que los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente a su 14 Nisán en su propio calendario solar y, dado que el Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision, el mes en el que el equinoccio de primavera caía invariablemente en su propio calendario. Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue solapado por el romano y, como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.

No obstante, parece que los cristianos latinos del siglo II en Roma y África del norte querían establecer la fecha histórica en la que murió Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] habían concluido que murió en viernes, 25 de marzo del 29. Como nota aparte, debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del 29 no cayó en viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.

Edad Integral

Así pues, en el este, tenemos el 6 de abril y, en el oeste, el 25 de marzo. Llegados a este punto, debemos introducir una creencia que parece ser que se propagó en el judaísmo en el tiempo de Cristo, pero la cual, como no aparece en la Biblia, no han tenido presente los cristianos. Se trata de la "edad integral" de los grandes profetas judíos: la idea de que los profetas de Israel murieron en la misma fecha que la de su nacimiento o concepción.

Este conocimiento es un factor clave a la hora de entender por qué algunos de los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que el 25 de diciembre fue la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, con lo que el 25 de marzo y el 6 de abril no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento. Existe alguna prueba fugaz de que al menos algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero rápidamente prevaleció la asignación del 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo.

Y es en este día, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento la Palabra de Dios ("Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, nacido del Padre antes de todos los tiempos") se encarnó en su vientre. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

La Navidad (el 25 de diciembre) es una fiesta de origen cristiano occidental. Parece que en Constantinopla fue introducida en el año 379 ó 380. De un sermón de San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, parece que ahí la fiesta se celebró por primera vez el 25 de diciembre del 386. Desde esos centros, se esparció por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432, mientras que en Jerusalén se asumió un siglo o un poco más después. Los armenios, solos entre las Iglesias cristianas antiguas, nunca la adoptaron, y hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero.
Por su parte, las Iglesias occidentales fueron adoptando gradualmente la celebración de la Epifanía del este el 6 de enero, y Roma lo hizo entre el 366 y el 394. Pero en Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la iglesia después de la Pascua.

En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.

Una fiesta cristiana

Así pues, parece que el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo no está en absoluto en deuda con las influencias paganas en las prácticas de la Iglesia durante o después del tiempo de Constantino. Es totalmente improbable que fuera la fecha exacta del nacimiento de Cristo, pero surgió estrictamente de los esfuerzos de los primeros cristianos latinos para averiguar la fecha histórica de la muerte de Cristo.

En cambio, la fiesta pagana que instituyó el emperador Aurelio en esa fecha, en el año 274, no sólo fue un esfuerzo para utilizar el solsticio de invierno con el objetivo de hacer una declaración política, sino que, casi con toda certeza, fue también un intento de dar un sentido pagano a una fecha ya importante para los cristianos romanos. A su vez, los cristianos podrían más tarde volver a adoptar la fiesta del "Nacimiento del Sol Invicto" para referirse, en memoria del nacimiento de Jesús, a la ascensión del "Sol de la Salvación" o el "Sol de la Justicia".


William J. Tighe es corresponsal de TOUCHSTONE y profesor adjunto de la Universidad de Muhlenberg. Para los interesados, recomienda la lectura de Los Orígenes del Año Litúrgico de Thomas J. Talley. Un extracto de este artículo apareció en la listserve(lista de distribución de correo electrónico) Virtuosity. El original en inglés está aquí

21 de mayo de 2014

PELÍCULA: "Santa Rita de Cascia", completa

Amigos: Como un regalo para vivir con el corazón la fiesta de Santa Rita de Cascia, les dejo la película completa para verla, meditarla y conocer más a nuestra querida santa. Bendiciones.


25 de abril de 2014

¿Cómo entiende Joseph Ratzinger el vínculo de la Liturgia con la Tradición?



Cuando se comprende la Liturgia como un mero ejercicio estético o se pretende despojarla del sentido sagrado que ella lleva, dejándola, a imagen y semejanza de un culto de la tradición protestante -en que sólo lo bíblico y la homilía de quien preside "se roban las miradas"-, quedando en desmedro el sentido de misterio celebrado que tiene la Eucaristía, ¿No será esta la causa de que muchos cristianos busquen en las espiritualidades de religiones orientales el elemento de "encuentro con el Dios Totalmente Otro" que no hallan en nuestra Liturgia? Dicho en palabras más fáciles: ¿Qué pasa cuando en una Eucaristía no se puede orar (dirigirse a Dios), porque no se dan en ella los espacios para entrar en intimidad con Dios? El entonces Cardenal Ratzinger ofrece algunas claves de lectura del fenómeno -que llevó incluso a algunos sectores de la Iglesia a separarse de ella- que para muchos cristianos trae como consecuencia el divorcio entre Liturgia y Espiritualidad, o Liturgia y Oración. Ofrecemos un extracto del Discurso a los Obispos Chilenos, realizado con ocasión de la visita del Card. Ratzinger a Chile en 1988. El texto completo lo podemos hallar aquí.

Hay muchas razones que pueden haber motivado que muchas personas busquen un refugio en la vieja liturgia. Una primera e importante es que allí encuentran custodiada la dignidad de lo sagrado. Con posterioridad al Concilio, muchos elevaron intencionadamente a nivel de programa la «desacralización», explicando que el Nuevo Testamento había abolido el culto del Templo: la cortina del Templo desgarrada en el momento de la muerte de cruz de Cristo significaría –según ellos– el final de lo sacro. La muerte de Jesús fuera de las murallas, es decir, en el ámbito público, es ahora el culto verdadero. El culto, si es que existe, se da en la no-sacralidad de la vida cotidiana, en el amor vivido. Empujados por esos razonamientos, se arrinconaron las vestimentas sagradas; se libró a las iglesias, en la mayor medida posible, del esplendor que recuerda lo sacro; y se redujo la liturgia, en cuanto cabía, al lenguaje y gestos de la vida ordinaria, por medio de saludos, signos comunes de amistad y cosas parecidas.


Sin embargo, con tales teorías y una tal praxis se desconocía completamente la conexión real entre el Antiguo y el Nuevo Testamento; se había olvidado que este mundo todavía no es el Reino de Dios y que «el Santo de Dios» (Jn 6,69) sigue estando en contradicción con el mundo; que necesitamos de la purificación para acercarnos a Él; que lo profano, también después de la muerte y resurrección de Jesús, no ha llegado a ser lo santo. El Resucitado se ha aparecido sólo a aquellos cuyo corazón se ha dejado abrir para Él, para el Santo: no se ha manifestado a todo el mundo. De este mundo se ha abierto el nuevo espacio del culto, al que ahora estamos remitidos todos; a ese culto que consiste en acercarse a la comunidad del Resucitado, a cuyos pies se postraron las mujeres y le adoraron (Mt 28,9). No quiero en este momento desarrollar más este punto, sino sólo sacar directamente la conclusión: debemos recuperar la dimensión de lo sagrado en la liturgia. La liturgia no es festival, no es una reunión placentera. No tiene importancia, ni de lejos, que el párroco consiga llevar a cabo ideas sugestivas o elucubraciones imaginativas. La liturgia es el hacerse presente del Dios tres veces santo entre nosotros, es la zarza ardiente, y es la Alianza de Dios con el hombre en Jesucristo, el Muerto y Resucitado. La grandeza de la liturgia no se funda en que ofrezca un entretenimiento interesante, sino en que llega a tocarnos el Totalmente-Otro, a quien no podríamos hacer venir. Viene porque quiere. Dicho de otro modo, lo esencial en la liturgia es el misterio, que se realiza en el rito común de la Iglesia; todo lo demás la rebaja. Los hombres lo experimentan vivamente, y se sienten engañados cuando el misterio se convierte en diversión, cuando el actor principal en la liturgia ya no es el Dios vivo, sino el sacerdote o el animador litúrgico.

17 de abril de 2014

Homilía del Papa Francisco en Misa Crismal: Preciosa meditación sobre la alegría sacerdotal



"Ungidos con el Óleo de la Alegría"

Queridos hermanos en el sacerdocio. En el Hoy del Jueves Santo, en el que Cristo nos amó hasta el extremo (cf. Jn 13, 1), hacemos memoria del día feliz de la Institución del sacerdocio y del de nuestra propia ordenación sacerdotal. El Señor nos ha ungido en Cristo con óleo de alegría y esta unción nos invita a recibir y hacernos cargo de este gran regalo: la alegría, el gozo sacerdotal. La alegría del sacerdote es un bien precioso no sólo para él sino también para todo el pueblo fiel de Dios: ese pueblo fiel del cual es llamado el sacerdote para ser ungido y al que es enviado para ungir. 

Ungidos con óleo de alegría para ungir con óleo de alegría. La alegría sacerdotal tiene su fuente en el Amor del Padre, y el Señor desea que la alegría de este Amor “esté en nosotros” y “sea plena” (Jn 15,11). Me gusta pensar la alegría contemplando a Nuestra Señora: María, la “madre del Evangelio viviente, es manantial de alegría para los pequeños” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 288), y creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres. El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oración protectora contra toda insidia del Maligno es la oración de nuestra Madre: soy sacerdote porque Él miró con bondad mi pequeñez (cf. Lc 1,48). Y desde esa pequeñez asumimos nuestra alegría. ¡Alegría en nuestra pequeñez!

Encuentro tres rasgos significativos en nuestra alegría sacerdotal: es una alegría que nos unge (no que nos unta y nos vuelve untuosos, suntuosos y presuntuosos), es una alegría incorruptible y es una alegría misionera que irradia y atrae a todos, comenzando al revés: por los más lejanos.

Una alegría que nos unge. Es decir: penetró en lo íntimo de nuestro corazón, lo configuró y lo fortaleció sacramentalmente. Los signos de la liturgia de la ordenación nos hablan del deseo maternal que tiene la Iglesia de transmitir y comunicar todo lo que el Señor nos dio: la imposición de manos, la unción con el santo Crisma, el revestimiento con los ornamentos sagrados, la participación inmediata en la primera Consagración… La gracia nos colma y se derrama íntegra, abundante y plena en cada sacerdote. Ungidos hasta los huesos… y nuestra alegría, que brota desde dentro, es el eco de esa unción.

Una alegría incorruptible. La integridad del Don, a la que nadie puede quitar ni agregar nada, es fuente incesante de alegría: una alegría incorruptible, que el Señor prometió, que nadie nos la podrá quitar (cf. Jn 16,22). Puede estar adormecida o taponada por el pecado o por las preocupaciones de la vida pero, en el fondo, permanece intacta como el rescoldo de un tronco encendido bajo las cenizas, y siempre puede ser renovada. La recomendación de Pablo a Timoteo sigue siendo actual: Te recuerdo que atices el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos (cf. 2 Tm 1,6). 

Una alegría misionera. Este tercer rasgo lo quiero compartir y recalcar especialmente: la alegría del sacerdote está en íntima relación con el santo pueblo fiel de Dios porque se trata de una alegría eminentemente misionera. La unción es para ungir al santo pueblo fiel de Dios: para bautizar y confirmar, para curar y consagrar, para bendecir, para consolar y evangelizar. 

Y como es una alegría que solo fluye cuando el pastor está en medio de su rebaño (también en el silencio de la oración, el pastor que adora al Padre está en medio de sus ovejitas) es una “alegría custodiada” por ese mismo rebaño. Incluso en los momentos de tristeza, en los que todo parece ensombrecerse y el vértigo del aislamiento nos seduce, esos momentos apáticos y aburridos que a veces nos sobrevienen en la vida sacerdotal (y por los que también yo he pasado), aun en esos momentos el pueblo de Dios es capaz de custodiar la alegría, es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el corazón y reencontrar una renovada alegría.

“Alegría custodiada” por el rebaño y custodiada también por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia. 

La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la pobreza.El sacerdote es pobre en alegría meramente humana ¡ha renunciado a tanto! Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios. No se la tiene que procurar a sí mismo. Sabemos que nuestro pueblo es generosísimo en agradecer a los sacerdotes los mínimos gestos de bendición y de manera especial los sacramentos. Muchos, al hablar de crisis de identidad sacerdotal, no caen en la cuenta de que la identidad supone pertenencia. No hay identidad –y por tanto alegría de ser– sin pertenencia activa y comprometida al pueblo fiel de Dios (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 268). El sacerdote que pretende encontrar la identidad sacerdotal buceando introspectivamente en su interior quizá no encuentre otra cosa que señales que dicen “salida”: sal de ti mismo, sal en busca de Dios en la adoración, sal y dale a tu pueblo lo que te fue encomendado, que tu pueblo se encargará de hacerte sentir y gustar quién eres, cómo te llamas, cuál es tu identidad y te alegrará con el ciento por uno que el Señor prometió a sus servidores. Si no sales de ti mismo el óleo se vuelve rancio y la unción no puede ser fecunda. Salir de sí mismo supone despojo de sí, entraña pobreza.

La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la fidelidad. No principalmente en el sentido de que seamos todos “inmaculados” (ojalá con la gracia lo seamos) ya que somos pecadores, pero sí en el sentido de renovada fidelidad a la única Esposa, a la Iglesia. Aquí es clave la fecundidad. Los hijos espirituales que el Señor le da a cada sacerdote, los que bautizó, las familias que bendijo y ayudó a caminar, los enfermos a los que sostiene, los jóvenes con los que comparte la catequesis y la formación, los pobres a los que socorre… son esa “Esposa” a la que le alegra tratar como predilecta y única amada y serle renovadamente fiel. Es la Iglesia viva, con nombre y apellido, que el sacerdote pastorea en su parroquia o en la misión que le fue encomendada, la que lo alegra cuando le es fiel, cuando hace todo lo que tiene que hacer y deja todo lo que tiene que dejar con tal de estar firme en medio de las ovejas que el Señor le encomendó: Apacienta mis ovejas (cf. Jn 21,16.17).

La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la obediencia. Obediencia a la Iglesia en la Jerarquía que nos da, por decirlo así, no sólo el marco más externo de la obediencia: la parroquia a la que se me envía, las licencias ministeriales, la tarea particular… sino también la unión con Dios Padre, del que desciende toda paternidad. Pero también la obediencia a la Iglesia en el servicio: disponibilidad y prontitud para servir a todos, siempre y de la mejor manera, a imagen de “Nuestra Señora de la prontitud” (cf. Lc 1,39: meta spoudes), que acude a servir a su prima y está atenta a la cocina de Caná, donde falta el vino. La disponibilidad del sacerdote hace de la Iglesia casa de puertas abiertas, refugio de pecadores, hogar para los que viven en la calle, casa de bondad para los enfermos, campamento para los jóvenes, aula para la catequesis de los pequeños de primera comunión…. Donde el pueblo de Dios tiene un deseo o una necesidad, allí está el sacerdote que sabe oír (ob-audire) y siente un mandato amoroso de Cristo que lo envía a socorrer con misericordia esa necesidad o a alentar esos buenos deseos con caridad creativa.

El que es llamado sea consciente de que existe en este mundo una alegría genuina y plena: la de ser sacado del pueblo al que uno ama para ser enviado a él como dispensador de los dones y consuelos de Jesús, el único Buen Pastor que, compadecido entrañablemente de todos los pequeños y excluidos de esta tierra que andan agobiados y oprimidos como ovejas que no tienen pastor, quiso asociar a muchos a su ministerio para estar y obrar Él mismo, en la persona de sus sacerdotes, para bien de su pueblo.

En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que haga descubrir a muchos jóvenes ese ardor del corazón que enciende la alegría apenas uno tiene la audacia feliz de responder con prontitud a su llamado.

En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que cuide el brillo alegre en los ojos de los recién ordenados, que salen a comerse el mundo, a desgastarse en medio del pueblo fiel de Dios, que gozan preparando la primera homilía, la primera misa, el primer bautismo, la primera confesión… Es la alegría de poder compartir –maravillados– por vez primera como ungidos, el tesoro del Evangelio y sentir que el pueblo fiel te vuelve a ungir de otra manera: con sus pedidos, poniéndote la cabeza para que los bendigas, tomándote las manos, acercándote a sus hijos, pidiendo por sus enfermos… Cuida Señor en tus jóvenes sacerdotes la alegría de salir, de hacerlo todo como nuevo, la alegría de quemar la vida por ti.

En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que confirme la alegría sacerdotal de los que ya tienen varios años de ministerio. Esa alegría que, sin abandonar los ojos, se sitúa en las espaldas de los que soportan el peso del ministerio, esos curas que ya le han tomado el pulso al trabajo, reagrupan sus fuerzas y se rearman: “cambian el aire”, como dicen los deportistas. Cuida Señor la profundidad y sabia madurez de la alegría de los curas adultos. Que sepan rezar como Nehemías: “la alegría del Señor es mi fortaleza” (cf. Ne 8,10). 

Por fin, en este Jueves sacerdotal, pido al Señor Jesús que resplandezca la alegría de los sacerdotes ancianos, sanos o enfermos. Es la alegría de la Cruz, que mana de la conciencia de tener un tesoro incorruptible en una vasija de barro que se va deshaciendo. Que sepan estar bien en cualquier lado, sintiendo en la fugacidad del tiempo el gusto de lo eterno (Guardini). Que sientan, Señor, la alegría de pasar la antorcha, la alegría de ver crecer a los hijos de los hijos y de saludar, sonriendo y mansamente, las promesas, en esa esperanza que no defrauda.

Gregoriano: Himno "Vexilla Regis"

Himno escrito a principios del siglo VII. Se utiliza como himno de Vísperas durante Semana Santa.



13 de abril de 2013

Hablando del Amor



HOMILÍA
III DOMINGO DE PASCUA
CICLO C

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
-Me voy a pescar.
Ellos contestan:
-Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
-Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
-No.
El les dice:
-Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
-Es el Señor.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto, encima y pan. Jesús les dice:
-Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
-Vamos; almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
[Después de comer dice Jesús a Simón Pedro:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
El le contestó:
-Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
El le contesta:
-Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
El le dice:
-Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
-Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis, ovejas.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
-Sígueme]

Jn 21,1-19


Este episodio suele considerarse como un apéndice agregado después al evangelio de Juan, que habría quedado concluido con el capítulo 20. Enlaza con el relato precedente de modo parecido a como los Hechos continúan el evangelio de Lucas, aunque su extensión sea notablemente menor. Evoca el misterio de la Iglesia mediante el hecho simbólico de la pesca milagrosa.

La escena tiene lugar en la ribera del lago de Genesaret, al oeste de Cafarnaún, en Galilea. Está llena de detalles de gran calor humano: las brasas, el pescado, el pan, la espera, la mutua acogida, el comer juntos... En un clima así, la exigencia se convierte en gozo, la corrección es ayuda de hermanos, el fracaso es aceptado con buen ánimo. Para todo esto es decisiva la ayuda del Espíritu. Una narración semejante nos ofrece Lucas, pero situada al comienzo de la vida pública de Jesús (Lc 5,1-11).

Nada se dice del regreso de los discípulos a Galilea. Debió ocurrir al finalizar los días de la solemnidad pascual. Entre lo narrado en el capítulo anterior y lo que sigue hay un intervalo indeterminado de tiempo. Se anuncia una nueva manifestación de Jesús a los apóstoles, que aparecen situados en las inmediaciones del "lago de Tiberíades". Los discípulos de Jesús, después de su resurrección, no parecen tener ideas claras sobre lo que deben hacer, y han vuelto a su antigua profesión de pescadores. Sin el Maestro, quedaron desconcertados hasta que recibieron instrucciones suyas sobre la misión que debían cumplir. Pedro debió volver a su casa de Cafarnaún. La circunstancia de ser él quien toma la iniciativa de ir a pescar -los demás le siguen- y quien dirige al grupo es importante a causa del valor simbólico que encierra toda la narración.

Sólo siete de los once apóstoles van a ser testigos de la nueva aparición. Número de totalidad que, referido a los pueblos, indica la universalidad de las naciones. Desde ahora la comunidad de Jesús vivirá abierta a todos los hombres, renunciando a todo particularismo.

La pesca es nula

En las narraciones neotestamentarias, los apóstoles solos nunca logran pescar. La expresión "aquella noche" es importante para comprender la escena. Significa la ausencia de Jesús y está en relación con sus palabras: "Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo" (Jn 9,4-5). En ella no pueden realizar las obras del Padre. La falta de pesca nos indica que no se refiere en primer lugar a la noche física, sino al resultado de una actitud: la carencia se debe a la falta de unión con él.

En este momento de depresión, en medio del trabajo infructuoso, se les presenta Jesús resucitado, que coincide con la llegada de la mañana. No los acompaña en la pesca, se queda en tierra: su misión en el mundo será ejercida por medio de sus discípulos. Concentrados en su esfuerzo inútil, no lo reconocen. Se han cerrado en sí mismos, confían en sus propias fuerzas y conocimientos; y el trabajo, al faltarle la vinculación con Jesús, no puede rendir. ¡Cuánto esfuerzo inútil, cuánto ruido y planes pastorales que no tienen nada que ver con su seguimiento! Creemos que hacemos algo en favor de Jesús, y, quizá, lo que conseguimos es velar a los hombres su verdadero rostro.

"Muchachos, ¿tenéis pescado?" Jesús se dirige a ellos con afecto. Con sus palabras interrumpe su inútil trabajo. Los siete están desorientados ante el total fracaso, puesto en evidencia por la pregunta de Jesús. Responden todos a una, secamente, mostrando su decepción: "No".

Con Jesús todo es posible

Jesús les señala el lugar donde tienen que echar la red para encontrar peces y pescarlos. Al faltarles la intuición del Espíritu, no habían dado con él.

Los discípulos, ante el fracaso de su búsqueda, siguen la indicación de Jesús, y la red se llena de peces grandes, signo de la fecundidad de la misión de la Iglesia cuando es fiel al Maestro. El fruto se debe a la docilidad a sus palabras, que representan el mensaje. ¿Por qué nos empeñamos en "pescar" a los hartos, cuando el evangelio sólo puede ser acogido por los pobres? Jesús les indica que, para obtener resultados verdaderos, han de dirigirse al pueblo oprimido y abandonado, que ha perdido prácticamente la esperanza. A ellos deben dedicar su vida, para hacer hombres justos y libres, como hizo él durante toda su vida pública. En ese grupo humano el fruto será abundante. En él hemos de lanzar las redes en nombre de Jesús, confiando en su palabra, aun cuando todas las apariencias parezcan abogar por lo contrario.

Los ojos de Juan se iluminan y descubren en aquel signo la evidencia de la presencia de Jesús resucitado. Sólo el que tiene experiencia del amor de Jesús sabe leer las señales. Una cosa así no podía ser obra más que de Jesús: "Es el Señor".

Pedro no había percibido la causa de la fecundidad; pero, al oír las palabras de Juan, comprende y se tira al agua, después de atarse la túnica, como Jesús se había atado la toalla antes de lavarles los pies (Jn 13,4). Como él, está dispuesto al servicio hasta la muerte. Ha entendido el gesto de amor de Jesús en la última cena, y con su acción individual simboliza su nueva actitud. Para que los hombres encuentren la vida es preciso que los seguidores de Jesús estén dispuestos a entregarse hasta el fin.

"Los demás discípulos se acercaron en la barca". Estaban cerca de tierra: "unos cien metros". De momento, no sienten la necesidad de rectificar nada de su conducta.

La comida fraterna

Al llegar a tierra, Jesús los sorprende con su señal inconfundible: la comida fraterna, signo de la eucaristía. Les tiene preparados unos alimentos, distintos de los que ellos han obtenido por iniciativa suya. El primero es gratuito; el segundo es fruto de un trabajo en comunión con Jesús. Existen, pues, dos clases de alimento: el que ofrece Jesús directamente y el que se obtiene respondiendo a su mensaje. No tiene sentido comer con Jesús si no se aporta nada; pero lo que se aporta no se obtiene sin él.

Si el texto menciona el número de peces capturados, debemos estar seguros de que no lo hace para satisfacer la curiosidad de los lectores o precisar una cantidad. Si hubiera pretendido afirmar lo extraordinario de la pesca lograda, habría redondeado la cifra, que siempre es más impresionante. Tengamos en cuenta, además, que en aquella cultura se daba una importancia excepcional al simbolismo de los números. ¿Qué significa el número de peces recogidos -"ciento cincuenta y tres"-?

Según san Jerónimo, algunos naturalistas antiguos afirmaban que las especies distintas de peces que existían en los mares eran ciento cincuenta y tres. Es también la suma de tres grupos de cincuenta más un tres, que es precisamente el multiplicador. El número cincuenta, que está en relación con los cinco mil del episodio de los panes (Jn 6,10) al conservarse el valor simbólico de una cifra en sus múltiplos, designa a una comunidad como profética, a la comunidad del Espíritu. Cada grupo de cincuenta peces "grandes" corresponde a una comunidad de hombres "adultos", de hombres que se han realizado en plenitud por obra del Espíritu. El número tres, que multiplica las comunidades, es el de la divinidad. Además, ciento cincuenta y tres resulta de la suma de todos los números desde el uno al diecisiete, ambos inclusive, y que se compone de la suma de diez más siete; números que, cada uno de por sí, significan una totalidad perfecta. Por todo lo dicho podemos concluir que la cantidad indicada de peces debe ser entendida como símbolo de la totalidad, de la plenitud de algo. Así, los ciento cincuenta y tres peces simbolizan la totalidad de los hombres llamados a recibir el reino de Dios, sin distinción de raza, condición social, religión o sexo. Lo recibirán en la proporción exacta en que los discípulos sean fieles a su mensaje y a su presencia en medio de ellos. "Y aunque eran tantos, no se rompió la red". La red que no se rompe simboliza la unidad por la que Jesús había rogado en su cena de despedida. Unidad que debe permanecer en medio de la enorme diversidad de pueblos. Esta universalidad y unidad habían sido ya reflejadas en el reparto de sus ropas y en el sorteo de su túnica por los soldados que lo crucificaron.

"Vamos, almorzad". Jesús invita a todos a participar de su comida. El ofrece los alimentos. Les invita a su eucaristía, a participar de su entrega hasta la muerte. Los discípulos lo han reconocido por los frutos conseguidos. Experimentan que es necesaria la presencia y actividad de Jesús para que su misión sea fecunda; que sin él la actividad de los cristianos está destinada al fracaso. Saben también que su colaboración con el Maestro es esencial para que éste pueda continuar su obra en el mundo. Tarea que deberán realizar unidos a Jesús por el vínculo de la amistad. Jesús está presente como el Amigo que da fecundidad a sus esfuerzos.

El fruto de la misión de los cristianos depende de la docilidad a las palabras de Jesús, a su mensaje de amor, que pide la decisión de seguirlo hasta dar la vida. Esta misión cristiana, realizada en comunión con Jesús, la celebramos en la eucaristía comunitaria. En ella Jesús se ofrece como alimento, y los discípulos aportan sus propias personas. Se verifica así la comunión entre la entrega de Jesús a los suyos y de éstos a él. ¿Cómo comprender y celebrar la entrega de Jesús en la eucaristía si asistimos a ella como espectadores?

Jesús y Pedro dialogan sobre el amor

En la segunda parte de este evangelio hallamos una conmovedora escenificación de la relación entre Jesús y Pedro, encuadrada en el marco de la eucaristía que acaban de celebrar. Jesús se dirige a Pedro para resolver una cuestión pendiente desde las negaciones del discípulo. Pedro propugnaba una salvación-liberación por la fuerza, no por el amor, y Jesús quiere curarlo de raíz. Terminada la comida comunitaria, Jesús se dirige a Pedro de un modo parecido a como había hecho con Tomás unos días antes. Es de nuevo el Maestro el que toma la iniciativa.

El objetivo central es mostrarnos la función directiva de Pedro en la Iglesia en un tiempo en que ésta empezaba a tener las primeras dificultades de cara a su unidad. Es este pasaje el argumento bíblico más importante y decisivo sobre el primado de Pedro en la Iglesia universal.

El diálogo se sitúa en lo que más interesa: el amor. Sólo el que ama con humildad puede enseñar a amar, puede enseñar a ser cristiano. El camino no es fácil, ni mucho menos. Se resume en la palabra final: "Sígueme".

Después de la comida se habían puesto los dos a caminar. Hacía tiempo que no se encontraban juntos. Habían pasado muchas cosas desde que sus dos miradas se cruzaron en el palacio de Caifás (Lc 22,61), después de su triple negación. Jesús se lo había dicho, pero Pedro no quiso creerlo. Estaba completamente seguro de sí mismo, seguro de la amistad que le unía a Jesús.

Jesús había tenido amigos que le habían abandonado (Jn 6,66). Había sido muy duro... Pedro se había quedado (Jn 6,67- 69). Sentía en torno a Jesús una gran hostilidad, y eso aumentaba su coraje, su fuerza, su amistad. Se acordaba de lo que había dicho en la cena de despedida (Jn 13,37). Cuando a Jesús se le miraba con buenos ojos, cuando era bien recibido por la muchedumbre, era fácil decir: "Yo daré por ti la vida". Pero después se había convertido en un prisionero, en un hombre del que todos se burlaban y al que iban a condenar a muerte. Y Pedro tuvo miedo de ser detenido; temió por su vida. Y le negó las tres veces que Jesús le había anunciado.

Ahora están allí los dos, Jesús y Pedro, con la experiencia de tres años de amistad, con sus momentos buenos y malos. Teniendo detrás de sí ese acontecimiento inesperado: la muerte de Jesús en la cruz; y ese otro suceso aún más insospechado: su presencia de resucitado al lado de Pedro. "Al tercer día resucitaré" (Mt 16,21; 17,23; 20,19). Pedro lo recuerda. Se lo había anunciado a todos. Pero ninguno había hecho caso; ninguno había creído tal cosa. Sin embargo, todo había sucedido como él les había profetizado. Y Jesús pregunta a Pedro: "¿Me amas?" Es el amigo que quiere saber; quiere estar seguro, como si tuviese necesidad de su apoyo, de su amistad, de su fidelidad; como si quisiera asegurarse de poder contar con él para siempre.

Y Pedro responde: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Conoce su debilidad y no se enorgullece ahora de su amor ni de su lealtad hacia Jesús. El, que conoce su corazón, sabe que lo ama de verdad.

Tres veces la pregunta de Jesús, como tres veces le había negado. Pedro no puede afirmar nada después de lo que ha sucedido. Aunque ahora declare ser su amigo, quizá vuelva a negarle otra vez. Y Pedro mide su debilidad, se da cuenta de sus limitaciones, de su radical pobreza. A pesar de todo, quiere a Jesús, porque es su amigo, porque es todo para él. No puede explicarlo, pero es así. Y se remite al conocimiento que Jesús tiene de él; él puede juzgar de la veracidad de sus palabras.

A este hombre que conoce ahora su valía, a este amigo que le ha negado, Jesús le va a confiar la dirección de su propia misión: extender el amor por el mundo.

"Apacienta mis corderos..., pastorea mis ovejas". Jesús le confía lo que más quiere en el mundo, porque Pedro ha hablado esta vez no únicamente por sí mismo, sino por y con el Espíritu que está en él. Jesús le pide que el amor que le tiene a él lo demuestre en la entrega sin límites a los demás. El Pedro de la espada y de la violencia, el Pedro de las disputas y de las ambiciones por el primer puesto, tenía que morir para convertirse en el Pedro del amor, de la renuncia y de la entrega a los hermanos.

"Apacentar", "pastorear", es conducir a los miembros de la comunidad a la vida según el Espíritu de Jesús; es velar por su fe y promoverla; es alimentar el amor, la unidad, la pobreza, la libertad, la justicia; es ser signo de alegría, de esperanza, de lucha por el mundo nuevo; es animar a una experiencia interior más que a un oficio: la gozosa experiencia del amor de Dios derramado en el corazón de los hombres.

Pedro ya puede seguirle hasta el martirio

Jesús anuncia a Pedro su muerte cruenta con una imagen tomada del medio ambiente. Los orientales usaban vestidos muy amplios y acostumbraban a recogerlos con un cíngulo para poder caminar largas distancias o trabajar, que es lo que hizo Pedro al echarse al mar para ir al encuentro de Jesús. Un joven podía hacerlo con facilidad; un hombre mayor, no. Si Pedro quería seguir a Jesús empuñando su propio cayado, tenía que hacerlo por su mismo camino de amor, de servicio, de olvido total de sí mismo hasta la muerte. El resultado sería el mismo que había obtenido Jesús.

Después que le hizo este vaticinio, añadió: "Sígueme". Sólo ahora que sabe y acepta el precio de ser discípulo podrá seguir a Jesús hasta el final. Jesús, repetidamente, durante sus breves años de predicación por Palestina, hizo esta invitación a seguirle a hombres del pueblo. Ahora, resucitado, se la hace a Pedro. Y es porque su llamada no se dirige sólo a aquellos que le conocieron durante su vida física, sino también a nosotros, a los cristianos de todas las épocas y lugares. Jesús pasa constantemente a nuestro lado para invitarnos a seguirle, a vivir la verdadera vida humana. Y espera nuestra respuesta.

Pero es importante que comprendamos bien qué significa seguir a Jesús; que entendamos qué exige. Para ello es necesario que aceptemos que Jesús es el Señor. Ser "Señor" significa que Jesús es nuestra única norma, nuestra única ley, nuestro único camino, verdad y vida. Significa que de él no podemos discrepar, aunque nos cueste. Significa tener la certeza de que él siempre tiene razón. Podemos querer mucho a una persona, estar de acuerdo con sus planteamientos..., pero ello nunca nos llevará a obedecerla ciegamente. Con Jesús es distinto: seguirle es confiar incondicionalmente en él, es saber decir "amén" a su palabra, a su voluntad. Aunque estemos muy lejos de serle fiel, de vivir como él espera de nosotros, de entenderle... Decir "Jesús es Señor" es creer que la vida está llena de sentido.

Si es el amor lo que transforma al hombre en discípulo de Jesús, es solamente el amor de los cristianos lo que permitirá que "la red no se rompa", que la unidad sea posible. Desde este texto, ¿cómo entender y creer en una Iglesia poderosa? Es necesario que los cristianos ahondemos en estas pocas líneas y hagamos una clara opción por la Iglesia del amor y de los pobres, de la paz, de la no violencia activa... No existe otra manera de unir a los hombres que ésta. ¿Es el amor el que mueve a los cristianos? ¿Es el amor el que rige las relaciones entre los miembros de las comunidades? ¿Es el amor lo que está por debajo de nuestras instituciones, cánones, ritos y costumbres?... Es la pregunta que Jesús resucitado plantea a nuestras comunidades. No nos demos prisa en responder...

El futuro de Juan

Una vez más entra en escena el apóstol y evangelista Juan junto a Pedro, que al ver "que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto quería" le preguntó a Jesús: "Señor, y éste, ¿qué?" Pedro, que había comprendido que Jesús había aludido a su muerte, se interesó por el futuro de su amigo Juan.

Jesús no le contesta directamente. La invitación que le ha hecho es para él. Pedro debe seguirle hasta la muerte y no debe meterse en los planes del Padre para su compañero. Las palabras de Jesús sobre el futuro de Juan corrieron deformadas entre los cristianos, hasta el punto de afirmar que Jesús le había prometido que él volvería antes de su muerte. Los primeros cristianos esperaban la segunda venida de Jesús como algo inminente, por lo que creían que, aunque muchos muriesen, algunos otros vivirían hasta el regreso del Señor. Se interpretó que Juan era uno de ellos.

Entre tanto, había muerto Juan. Y ante su muerte se sintió la necesidad de aclarar las ambiguas palabras de Jesús. Hacer esta rectificación fue la razón principal de añadir estos versículos al evangelio después del fallecimiento del apóstol, muerto en edad muy avanzada.

"Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito: y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero". Es el segundo colofón o epílogo de este evangelio, redactado, sin duda, por un grupo de discípulos de Juan, quizá en Efeso. Testifican que el evangelio que publican está escrito por el menor de los hijos de Zebedeo y ellos saben la verdad de su testimonio.

Dar testimonio es declarar que realmente se ha presenciado un hecho o se tiene la experiencia directa de algo ocurrido. Dar testimonio de Jesús no consiste simplemente en relatar una historia pasada, sino en transmitir la vivencia de una experiencia personal. Cada comunidad puede comunicarlo así a los demás siempre de primera mano. Esta es la obra del Espíritu. Pero la experiencia es intransferible. El testimonio sólo puede invitarnos al encuentro personal con Jesús, que producirá en nosotros una experiencia semejante si aceptamos su Espíritu y practicamos su amor.

Jesús no es una figura del pasado; sigue presente entre sus seguidores como centro de donde brota la vida de su comunidad, capacitándola para entregarse como él al servicio de la humanidad hasta la muerte. No basta para llegar a ser discípulo suyo la mera reconstrucción histórica de su actividad y enseñanza, si por ello se entiende hacer la crónica de su vida. El hecho cristiano arranca ciertamente del personaje histórico Jesús, que murió condenado en la cruz por las autoridades religiosas y políticas de su tiempo; pero su verdadera dimensión histórica se expresa en la capacidad transformadora de aquel acontecimiento. Aceptando el testimonio de aquellos que han experimentado su acción transformadora se puede llegar, por el encuentro personal con él, a la misma experiencia. "Muchas otras cosas hizo Jesús..." Termina el cuarto evangelio afirmando que lo escrito es sólo una muestra de las muchas cosas que hizo Jesús, una muestra de su fecunda y prodigiosa obra. No es preciso saber todo lo que hizo; lo que verdaderamente importa es penetrar en su significado. Para conocer a Jesús no hace falta tanto la plena información histórica como llegar a su interior, a las profundas razones de su vivir, y comprender su significado esencial, conocer su incidencia sobre el hombre y su vida, su alternativa de vida plena y para siempre.

FRANCISCO BARTOLOME GONZALEZ

16 de marzo de 2013

Histórico: El Patriarca Ecuménico de Constantinopla estará presente en la Eucaristía de inicio de Pontificado del Papa Francisco


(Religión en Libertad) Es algo que no pasaba desde hace casi mil años, desde el cisma que dividió a la Iglesia oriental de la occidental en el año 1054: el Patriarca de Constantinopla ha anunciado que acudirá el martes a la misa de intalación del nuevo Papa

El Patriarca Bartolomé de Constantinopla, patriarca ecuménico con un honorífico "primado entre iguales" para los ortodoxos de todo el mundo, acudirá a la misa de instalación del Papa Franciscco, según ha confirmado a AsiaNews. 

Le acompañarán además el metropolitano ortodoxo de Pérgamo, Ioannis Zizioulas, Co-Presidente de la Comisión Mixta para la unidad entre católicos y ortodoxos; el metropolita ortodoxo de Argentina, Tarassios; y el metropolita ortodoxo de Italia, Gennadios

Lazos de amistad con Benedicto XVI
Bartolomé I tuvo una relación cercana y fluida con Benedicto XVI, a quien recibió en sus estancias en Estambul. 

Aunque el Patriarca de Constantinopla pastorea apenas a unos pocos miles de greco-ortodoxos en la ciudad del Bósforo, tiene una gran influencia como líder honorífico en las iglesias ortodoxas de tradición griega y eslava. Su gesto al acudir a Roma derriba un muro simbólico de distanciamiento que tiene casi mil años.

Benedicto XVI planteó a los ortodoxos que ellos mismos dieran sugerencias sobre cómo expresar el Primado del sucesor de Pedro en términos aceptables para ellos, inspirándose en el estilo de la Iglesia del primer milenio.

17 de febrero de 2013

23 preguntas sobre la renuncia del Papa




La renuncia de Benedicto XVI ha suscitado preguntas legítimas no sólo en el mundo católico. Algunas de esas interrogantes son de carácter práctico mientras que otras tienen implicaciones más profundas en sus respuestas. Presentamos un artículo del Blog Actualidad y Análisis que pueden ser muy útiles a los improbables lectores de este Blog, para situarnos en lo que vendrá durante estos días.

El portavoz oficial de la Sala de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, ha ofrecido varias conferencias de prensa entre el 11 y 15 de febrero. Durante el breafing diferentes periodistas le han planteado cuestiones que el padre Lombardi ha respondido con la información disponible en esos momentos. De esas contestaciones ofrecemos una selección ágil y breve de 23 respuestas en torno a las cuestiones más presentes en la opinión pública de estos días.

N.B.: La formulación de las preguntas y de las respuestas no son textuales, han sido elaboradas y trabajadas en base a lo que el padre Lombardi ha ido respondiendo. Siguen la sustancia de la respuesta aunque no necesariamente las palabras usadas.

***

1. ¿Cuál será la última aparición pública de Benedicto XVI como Papa en funciones?

R/ La última aparición pública (y masiva) de Benedicto XVI como Papa será la audiencia general del miércoles 27 de febrero de 2013 en la Plaza de san Pedro del Vaticano. De forma extraordinaria, la audiencia general contará con una liturgia de la Palabra y momentos de oración. Al día siguiente, jueves 28, está prevista una audiencia privada en la sala Clementina de la Santa Sede con algunos cardenales. Será la última audiencia de su pontificado.

2. ¿Benedicto XVI tiene alguna enfermedad grave en particular?

R/ No, Benedicto XVI no tiene una enfermedad grave en particular.

3. ¿Es verdad que Benedicto XVI tiene un marca pasos?

R/ Sí, es verdad que Benedicto XVI tiene un marca pasos. Lo tiene desde que era Cardenal-prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Hace algunas semanas le cambiaron las baterías del marca pasos.

4. ¿La encíclica sobre la fe que Benedicto XVI estaba escribiendo será publicada?

R/ No, no está previsto que la encíclica sea publicada dado que Benedicto XVI no la pudo concluir. Eventualmente, si decidiera hacerla pública, no entraría dentro del rango de «encíclica».

5. ¿Por qué Benedicto XVI eligió las 20:00 del 28 de febrero para concluir su ministerio como Papa?

R/ Porque es la hora en que él habitualmente concluye su jornada de trabajo.

6. ¿Dónde vivirá Benedicto XVI después de su retiro como Papa?

R/ Inicialmente, por un periodo de dos meses, en la residencia pontificia de Catelgandolfo. Posteriormente regresará al Vaticano para vivir en el monasterio de clausura Mater Ecclesiae.

7. ¿Es verdad que Benedicto XVI decidió dimitir durante su viaje apostólico a México?

R/ Durante su viaje apostólico a México y Cuba Benedicto XVI maduró el tema de su abdicación como una etapa más en el largo proceso de su reflexión y discernimiento sobre este tema. Por lo demás, el viaje no ha tenido ninguna otra relevancia particular al respecto.

8. ¿Cuál será nombre y título de Benedicto XVI después del 28 de febrero?

R/ Es un tema que aún se está reflexionando. Hay cierta unanimidad en que conservará el nombre de Benedicto XVI y que el título será el de «Obispo emérito de Roma». En el Anuario Pontificio «Benedicto XVI» seguirá siendo el nombre oficial utilizado.

9. ¿Participará Benedicto XVI en el Cónclave para elegir a su sucesor?

R/ No, Benedicto XVI no participará en el Cónclave para elegir a su sucesor ni será parte del Colegio Cardenalicio.

10. ¿Cómo se vestirá Benedicto XVI después del 28 de febrero?

R/ Todavía no se sabe cómo se vestirá Benedicto XVI después del 28 de febrero.

11. ¿La renuncia de un Papa está prevista en la Iglesia?

R/ Sí, la abdicación de un Papa está prevista y regulada por el Código de Derecho Canónico.

12. ¿Qué pasará con mons. Georg Gänswein, secretario particular de Benedicto XVI y Prefecto de la Casa Pontificia desde hace pocos meses?

R/ Mons. Georg Gänswein continuará siendo secretario particular de Benedicto XVI, le acompañará a Castelgandolfo (y luego en el monasterio Mater Ecclesia), y también seguirá siendo prefecto de la Casa Pontificia. Análogamente, es posible que el segundo secretario particular se traslade a Castelgandolfo y acompañe a Benedicto XVI por un tiempo.

13. ¿Quiénes vivirán con Benedicto XVI en el monasterio Mater Ecclesia dentro del Vaticano, luego de su retiro?

R/ Las memores (grupo de mujeres consagradas, miembros de la familia pontificia, que auxilian al Papa en las necesidad ordinarias de todo hogar) y su secretario particular, Mons. Georg Gänswein, vivirán y asistirán a Benedicto XVI después de su retiro.

14. ¿El tema del así llamado «Vatileaks» (filtración de documentos reservados) influyó en la decisión del Papa?

R/ No ha tenido ninguna relevancia. Si se quiere recibir una información correcta se debe limitar a cuanto ha dicho el Papa sobre su renuncia.

15. Aproximadamente, ¿cuándo podría comenzar el Cónclave?

R/ Las fechas más convincentes apuntan a que iniciará entre el 15 y 20 de marzo.

16. ¿Benedicto XVI cambió las normas para la elección de un Papa?

R/ No. Benedicto XVI no cambió las normas para la elección de un Papa. Las normas vigentes siguen siendo las de la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis.

17. ¿Cuál es el término correcto para denominar lo que ha hecho el Papa?

R/ «Renuncia» sería el término más específico y técnico. «Dimisión» no porque supone que alguien aceptar la dimisión para que surta efecto y, en el caso del Papa, esto no es necesario. «Abdicación» es un término más adecuado para un rey.

18. ¿Hay luchas por el poder en el Vaticano?

R/ En toda institución existe una dinámica que lleva a opiniones diversas, lo que es siempre una riqueza. La diferencia y diversidad de opiniones son positivas si llevan al bien de la institución misma. Tales diferencias, sin embargo, no se deben sobrecargar pues no corresponderían a la realidad ni a las intenciones de las personas. Afirmar que hay luchas de poder no corresponde a la realidad de lo que está pasando en la Iglesia en estos momentos.

19. ¿El periodista Peter Seewald entrevistó a Benedicto XVI antes de su renuncia?

R/ El periodista alemán Peter Seewald, quien en el pasado ha entrevistado varias veces a Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, entrevistó hace dos meses y medio a Benedicto XVI. La entrevista se enmarca en la biografía oficial de Benedicto XVI en la que está trabajando Seewald.

20. ¿Benedicto XVI se encontrará con el nuevo Papa?

R/ No está previsto que Benedicto XVI se encuentre con el nuevo Papa.

21. ¿Por qué Benedicto XVI decidió quedarse –luego de los dos meses en Castelgandolfo– en un monasterio en el Vaticano y no regresar a su Baviera natal?

R/ Aunque Benedicto XVI no lo ha explicitado claramente, la presencia y oración de Benedicto XVI en el Vaticano da una continuidad espiritual al papado. Por lo demás, Benedicto XVI vive en el Vaticano desde hace más de tres décadas.

22. ¿Cuáles son las razones exactas aducidas por Benedicto XVI para su renuncia?

R/ El lunes 11 de febrero el Papa Benedicto XVI dijo explícitamente que ha «llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino» y también ha mencionado que para gobernar la Iglesia y anunciar el Evangelio «es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado».

23¿Cuál es la agenda oficial de Benedicto XVI del 11 al 28 de febrero de 2013?

R/ El calendario oficial de Benedicto XVI es el siguiente:

13 de febrero: Preside la misa de miércoles de ceniza en la basílica de san Pedro. Última misa pública del pontificado de Benedicto XVI.

14 de febrero: Audiencia al clero de la diócesis de Roma, de la cual es su obispo

15 de febrero: Audiencia al presidente de Rumanía y a los obispos de la región de Liguria, Italia, en visita ad limina.

16 de febrero: Audiencia al presidente de Guatemala y algunos obispos de Lombardia, Italia, en visita ad limina. Por la tarde, audiencia privada al primer ministro italiano, Mario Monti.

17 de febrero Alocución, rezo del Ángelus y saludo a peregrinos reunidos en la plaza de san Pedro. A las 18:00 inicio de los ejercicios espirituales del Papa y la curia romana.

23 de febrero Conclusión de los ejercicios espirituales.

24 de febrero Último Ángelus de Benedicto XVI en la plaza de san Pedro.

25 de febrero Audiencia privada a algunos cardenales.

27 de febrero Última audiencia general de Benedicto XVI.

28 de febrero A las 11 de la mañana saludo a los Cardenales en la Sala Clementina del Vaticano. A las 17:00 se transfiere a Castelgandolfo. A las 20:00 inicia la Sede Vacante.