Juan era cocinero. Al umbral de la cocina estaban echados los perros. Juan mató un novillo y tiró las vísceras al patio. Los perros las tomaron, las comieron y dijeron: "Es un excelente cocinero, cocina muy bien". Tiempo después, Juan desgranaba arvejas, pelaba cebollas, y las cáscaras las tiró al patio. Los perros llegaron, pero, quitando el hocico, dijeron: "Se echó a perder el cocinero. No vale nada". Juan, sin embargo, sin alterarse por este comentario, dijo: "Es el patrón que debe comer y apreciar la comida que preparo, no los perros. Me basta que el patrón me aprecie".
¿Qué gustos tiene el Señor? ¿Qué cosa le gusta en nosotros? Un día, mientras predicaba, alguien le dijo: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablarte". Él indicó con la mano a sus discípulos y respondió: "Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo aquél que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".
Eso es lo que le gusta: el que hace su voluntad. Le gusta que se le ore, pero no le gusta que las oraciones sean un pretexto para desentenderse del esfuerzo de las buenas obras.
¿Qué gustos tiene el Señor? ¿Qué cosa le gusta en nosotros? Un día, mientras predicaba, alguien le dijo: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablarte". Él indicó con la mano a sus discípulos y respondió: "Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo aquél que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".
Eso es lo que le gusta: el que hace su voluntad. Le gusta que se le ore, pero no le gusta que las oraciones sean un pretexto para desentenderse del esfuerzo de las buenas obras.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¿Quieres comentar esta noticia?