El saqueo es lo negativo que sacó a relucir el reciente terremoto. Una lástima.
Por Mauricio González
De esta forma titulé el muro de mi facebook anoche, tras el bombardeo mediático pos catástrofe, donde hemos apreciado a grupos de personas que se han dirigido a despojar diferentes comercios establecidos y otros se han aprovisionado de armas, palos y fierros para defender sus propiedades de las familias de los “saqueadores”. Saqueos que comenzaron en la ciudad de Concepción la mañana del domingo 28 de febrero, y que se han extendido a otros sectores de la región metropolitana del país, como Quilicura o Lampa, lugares donde hasta ayer aún no contaban con agua potable y electricidad.
Estos factores han sido el caldo de cultivo para el desarrollo de estos desenlaces, acicalados por la percepción que ha tenido la población hacia la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) que, simplemente, da declaraciones sobre la situación y no soluciones.
El Gobierno que se ha tropezado hasta reconocer que sí fueron tsunamis y no se avisó, la prensa que llama a las Fuerzas Armadas y Carabineros para controlar la situación y que se utilicen el régimen de excepción con la aplicación de estado de emergencia y toque de queda. Por otra parte, aparecen más factores que se suman a esta creciente caldera, como por ejemplo, el hecho que la fecha de la catástrofe fue un fin de mes; los extensos cortes de electricidad y agua potable; las falsas alarmas de tsunami; los incendios; la tragedia televisada en vivo y con lo cual la “histeria” se encuentra desatada.
En fin, varios elementos pueden haber influido en esta situación donde muchos se han visto en la necesidad de recurrir al despojo de locales comerciales para abastecerse de lo necesario para sobrevivir a los costos del terremoto y maremoto- según sea el caso- la falta de agua y electricidad.
Sin embargo, también hay considerar que esta situación ha sido aprovechada por personas que se han beneficiado de esta catástrofe. En este sentido, la prensa televisiva y escrita ha mostrado imágenes de individuos que, haciéndose de lo que se encuentran a la mano, se han llevado innumerables artículos electrónicos, digitales, de construcción -por nombrar algunos- desde los consorcios empresariales del rubro de la alimentación, e incluso, algunos se han atrevido a despojar al querido micro empresario del barrio.
En el fondo, simbólicamente, queda en el aire una suerte de juicio hacia quienes se han apropiado de lo necesario para alimentarse y quienes se han apropiado de enseres como electrodomésticos para, supuestamente, reducirlos. Al fin y al cabo, “todos chorean” pero hay quienes están “choreando” provisiones que no son de primera necesidad. “Esto es lo que hay que robar”, dijo un hombre al llevarse dos tarros de leche Nido; “la necesidad tiene cara de hereje”. dice un poblador al canal CNN, mientras intenta sustraer un saco de harina de un molino particular. Otros replican que estos hechos son únicamente protagonizados por grupos de flojos, flaites e inútiles, que tienen problema con sus valores, o que son pobres con malos valores.
Sin embargo, ya sean, flojos, flaites, inútiles, o padres y madres acongojadas por la necesidad de llevar alimento para que puedan comer sus hijos, lo que se encuentra en tela de juicio es la inoperancia de los organismos públicos para suministrar el apoyo necesario a la población de forma oportuna. Un caldo de cultivo para que proliferen este tipo de acciones las cuales han sido repetidas una y otra vez en los canales de televisión y comentadas en las radios.
En este sentido, los medios no hicieron caso a la solicitud de Horst Paulmann empresario de Centros Comerciales Sudamericanos (Cencosud), quien a la salida de una reunión en La Moneda, solicitó a la prensa no agravar la situación con la comunicación de los saqueos que se habían producido hasta la mañana del domingo. Por el contrario, transcurrida la tarde estos hechos nuevamente se habían producido, pero en la ciudad de Santiago comuna de Quilicura.
Hoy lunes la gente en algunos barrios se organiza para defender su propiedad ¿De quién se sienten amenazados? ¿Quiénes amenazan a otros vecinos? “Los pobres”, confundidos con mecheras y el lumpen que quizás se aprovechan de este estado, son sindicados como quienes amenazan a otros vecinos. “Los pobres” que habitan esos lugares desde mucho antes que las constructoras llegaran con sus ofertas inmobiliarias son sindicados como los peligrosos. La “gente” que tiene su propiedad en barrios y condominios, quizás nunca se imaginó que las amenazas de estos grupos iban a sobrepasar sus pasajes.
En este momento las necesidades no han sido cubiertas y todos luchan por apropiarse de ese capital, cada cual desde la estrategia que estima pertinente tomarse. Es un momento nunca imaginado. La violencia que presenta este recorte de la realidad es un botón de muestra de nuestros conflictos sumergidos, donde por ejemplo quienes habitan un mismo territorio separado por una autopista a metros de distancia hoy se enfrentan hasta las últimas consecuencias en defensa de la propiedad que se resguarda o se aspira.
Hay una fractura enorme entre los grupos medios y los pobres de las ciudades, lugares que han sido construidas desde la presencia invisible de brechas sociales y cohesión social que este tipo de catástrofes colocan de manifiesto.
En nuestro país las desigualdades de pronto se levantan cuando la naturaleza derriba los muros o panderetas que los separaban. Los mundos de los incluidos y los excluidos quedan frente a frente, quienes tienen el capital para acceder al agua y quienes siguen esperando por los camiones aljibes. Lo único que queda es una solidaridad que responde a la defensa de los intereses individuales y familiares, donde surge un llamado “al orden y la tranquilidad” , una orden que se puede convertir en puñalada y estoque. Una orden en defensa de la propiedad de algunos versus la de otros. La de aquellos con estigmatización social que tienen las mismas necesidades e intereses: la necesidad de alimentarse, hidratarse y abrigarse, en momentos donde la histeria se encuentra desatada.
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