
29° DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Este domingo abordamos el tema del servicio y del misterio que está detrás de la figura de Jesús de Nazaret. Seguimos navegando por las aguas del evangelio de Marcos y hoy escuchamos un texto que parece conocido, pues asume una temática parecida a un evangelio que escuchábamos hace unos domingos: el anuncio de la pasión. Esta vez, sin embargo, el anuncio está revestido de nuevos elementos: se refiere el sufrimiento vinculado con el ejercicio de la autoridad, se une el dolor con aquello que parece ser una instancia de gloria como es el estar arriba de los demás… y una cosa tan trivial como discutir quién es el mayor entre los doce, con la madre de los hijos del Zebedeo (Santiago y Juan) intercediendo, como buena madre interesada por la promoción social y el éxito de sus hijos, ante Jesús, para que en el eventual “Reino”, imaginado por ellos como un reino terreno, Santiago y Juan ocuparan los puestos de la izquierda y de la derecha del Rey Jesús, lo que equivalía en aquellos tiempos a decir: quisiera que uno de mis hijos sea el Ministro del Interior y el otro sea el encargado de las Relaciones Exteriores. Puestos claves para los que Santiago y Juan estarían capacitados… cómo no, si estamos hablando de personas jóvenes, con futuro, y que, con el carácter que tenían estos dos (Jesús mismo les puso el sobrenombre de Boanerges, esto es, “Hijos del Trueno”, Mc 3,17) posiblemente llegarían a ser grandes en el Reino de Jesús. Ciertamente fueron grandes, pero por un camino muy, pero muy diferente al que creían ellos y la madre incluida, como vemos en este evangelio.
¿Cuál es el camino para ser grande en el Reino de Jesús? En primer lugar, concordemos que, en el plano humano, es triste ver una persona que es capaz de hacer cualquier cosa por escalar posiciones sociales o en una empresa (y cuando digo cualquier cosa, imaginémonos todo el abanico de posibilidades que la mente humana, tan creativa como ella sola, es capaz de concebir): existen verdaderos profesionales de esta disciplina: se desviven en atenciones por el jefecito, lo comprometen con detallitos personales y de repente los vemos en el círculo de confianza de la gerencia, del Párroco, del Obispo, o del Papa. La idea central es ser importantes… sin ser creyentes, estamos de acuerdo que esas personas no son absolutamente dignas de confianza porque su motivo principal para trabajar y vivir es únicamente el interés personal, y si el interés de otro lo amenaza, obviamente se defiende, pudiendo utilizar las armas que ha recolectado mientras ha hecho espléndidas cosechas por las oficinas de los cargos administrativos e influencias de alto nivel. La idea de esas personas, lo repito, es ser importantes, estar por encima de los demás.
Aunque estas cosas se dan incluso en la Iglesia –porque está formada de seres humanos-, el ideal de Jesús no es ese. Vemos hoy que se opone rotundamente a todo ese tipo de compadrazgos que lo único que generan es exclusión y, lo más grave, corrupción. No es el modelo para una comunidad de hermanos que anuncia el mensaje del amor que Cristo dejó para que lo predicaran sus discípulos sobre todo con la vida y después con las palabras.
La primera lectura nos puede servir de fotografía de la vida del Maestro Jesús, que ha recorrido el camino del dolor, y la profecía de la lectura de Isaías –pronunciada varios siglos antes de la venida de Jesús- nos recuerda que el cristianismo es un cargar la cruz… pero por favor, no interpretemos el cristianismo como un camino de dolor… pensar que el dolor está al centro de la vida cristiana sería un masoquismo espiritual, una opción absolutamente absurda. Lo que el texto nos quiere recordar es que todo aquel que quiere vivir el camino de Jesús: el Reino, la coherencia del amor, el anuncio de la justicia en la vida propia, a menudo negándose a soluciones egoístas, tendrá que vivir la cruz como posibilidad en su vida:
1. Dentro de mi propia persona, porque elegir mi vidita y cerrarme a la necesidad de los demás –y no hay primero que mirar fuera de la casa… ya los que están dentro de mi casa tienen bastantes necesidades y vaya que es difícil dar testimonio del ser cristiano dentro de la casa, o mejor, no puedo hacer el cristiano al 50% entre los míos: o soy o no soy… siempre estarán mis familiares para recordarme mis inconsistencias-. Esto ya es cruz.
2. En mi entorno, fuera de la familia: la realidad laboral está llena de esos resquicios legales y prácticas que a menudo se contraponen con los valores cristianos… aquí es donde sentimos con más fuerza el contacto con una sociedad que hace tiempo dejó de ser cristiana, y he sido testigo de muchas personas que se sienten discriminadas por el solo hecho de no optar por la vía fácil del engaño, de pasar por encima del otro o de las prácticas deshonestas. Segunda cruz.
3. La más fuerte, reservada para algunos: el contraste con la sociedad o el sistema político que experimentan los cristianos que defienden un valor fundamental contra la maquinaria estatal que pretende imponer una idea valórica o política. Cuando la persecución asume modos violentos, estamos ante la antesala del martirio por causa del Reino. Es el grado supremo de la identificación con la persona de Jesús.
San Agustín nos regala esta reflexión, a propósito de la petición de la madre de los hijos de Zebedeo:
“¿Qué les responde a quienes buscaban lugar tan privilegiado? “¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?” ¿Qué cáliz sino el de la pasión, el de la humildad, bebiendo el cual y haciendo suya nuestra debilidad, dice al Padre: “Padre, si es posible pase de mí este cáliz”? Él se pone en lugar de quienes rehusaban beber ese cáliz y buscaban el lugar privilegiado... Buscáis a Cristo glorificado; acercaos a Él crucificado... Ésta es la doctrina cristiana, el precepto y la recomendación de la humildad: “no gloriarse a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal 6,14)” (Sermón 160,5).
De estas maneras podemos asumir el camino de Cristo… y los oficios que lleguen, o responsabilidades que se asuman a lo largo del camino, que provengan de las capacidades personales de cada uno y no del lobby que hice de mis pretendidas capacidades con tal de escalar posiciones sociales. Hay que hacer el trabajo de cada día, bien, y serán otros que evaluarán, según el trabajo que hice bien, si sirvo o no para tal o cual cosa. Este fue el ejemplo incluso de algunos de los que hoy consideramos como grandes, pero que durante su vida mantuvieron un proceder humilde. Albino Luciani (el futuro Papa Juan Pablo I, que sirvió como Pastor Universal de la Iglesia sólo por 33 días en 1978) fue ordenado obispo por el Papa Juan XXIII en 1958 en la Basílica de San Pedro. Cinco días antes fue recibido por el Pontífice en audiencia privada para mí inolvidable, según nos cuenta. Me confiaba que le era providencial y orientadora durante toda su vida una página del libro La Imitación de Cristo, que había meditado en 1904. “Vaya y búsquela”, me dijo. “Está en el Libro III, capítulo 23”. Mientras la buscaba, me la recitó de memoria:
Cuatro cosas dan gran paz:
-Aplícate a hacer la voluntad de los otros antes que la tuya propia;
-Prefiere tener menos antes que tener más;
-Busca siempre el último lugar, y
-desea siempre y ora para que se haga en ti integralmente la voluntad de Dios.
Me he siempre esforzado a poner en práctica estos cuatro puntos y me he encontrado bien tanto en la alegría como en el dolor”.
¿Es un poco difícil este camino? Un teólogo del siglo XX dijo, reflexionando sobre la cruz, que es el lugar donde todas las certezas humanas se destruyen. Es cierto… parece que es para superhombres. Pero el autor de la carta a los Hebreos nos dice que no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. O sea, conoce nuestros dolores y desde ellos es capaz de comprendernos. Una vez me quedé sin palabras ante alguien que me dijo, hablando de lo mismo: Pero Jesús es Dios… era muy fácil para Él soportar el dolor, las privaciones y todo eso. Él podía hacer milagros. ¡Cuidado con esta imagen de Cristo superhéroe que a veces nos ronda! Si era un superhéroe, ¿cómo poder explicar las palabras de infinito dolor que pronuncia en la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Estaba fingiendo? ¿Quién es capaz de hacer una obra de teatro en esas condiciones? Jesús, es cierto, es Verdadero Dios, pero es también Verdadero Hombre.
Por esto digo el camino que, a través de la liturgia semanal, realizamos en la escuela del seguimiento de Jesús, no es una aventura imposible. Agustín, reflexionando sobre lo mismo, planteaba el mirar a Jesús hombre y, desde allí –en su imitación- llegar hasta Cristo Dios. Que el Señor nos ilumine en este cometido y Él renueve nuestro camino, día a día.
Dios todopoderoso y eterno,
te pedimos entregarnos a ti con fidelidad
y servirte con sincero corazón.
(Oración colecta).
te pedimos entregarnos a ti con fidelidad
y servirte con sincero corazón.
(Oración colecta).
Este domingo abordamos el tema del servicio y del misterio que está detrás de la figura de Jesús de Nazaret. Seguimos navegando por las aguas del evangelio de Marcos y hoy escuchamos un texto que parece conocido, pues asume una temática parecida a un evangelio que escuchábamos hace unos domingos: el anuncio de la pasión. Esta vez, sin embargo, el anuncio está revestido de nuevos elementos: se refiere el sufrimiento vinculado con el ejercicio de la autoridad, se une el dolor con aquello que parece ser una instancia de gloria como es el estar arriba de los demás… y una cosa tan trivial como discutir quién es el mayor entre los doce, con la madre de los hijos del Zebedeo (Santiago y Juan) intercediendo, como buena madre interesada por la promoción social y el éxito de sus hijos, ante Jesús, para que en el eventual “Reino”, imaginado por ellos como un reino terreno, Santiago y Juan ocuparan los puestos de la izquierda y de la derecha del Rey Jesús, lo que equivalía en aquellos tiempos a decir: quisiera que uno de mis hijos sea el Ministro del Interior y el otro sea el encargado de las Relaciones Exteriores. Puestos claves para los que Santiago y Juan estarían capacitados… cómo no, si estamos hablando de personas jóvenes, con futuro, y que, con el carácter que tenían estos dos (Jesús mismo les puso el sobrenombre de Boanerges, esto es, “Hijos del Trueno”, Mc 3,17) posiblemente llegarían a ser grandes en el Reino de Jesús. Ciertamente fueron grandes, pero por un camino muy, pero muy diferente al que creían ellos y la madre incluida, como vemos en este evangelio.
¿Cuál es el camino para ser grande en el Reino de Jesús? En primer lugar, concordemos que, en el plano humano, es triste ver una persona que es capaz de hacer cualquier cosa por escalar posiciones sociales o en una empresa (y cuando digo cualquier cosa, imaginémonos todo el abanico de posibilidades que la mente humana, tan creativa como ella sola, es capaz de concebir): existen verdaderos profesionales de esta disciplina: se desviven en atenciones por el jefecito, lo comprometen con detallitos personales y de repente los vemos en el círculo de confianza de la gerencia, del Párroco, del Obispo, o del Papa. La idea central es ser importantes… sin ser creyentes, estamos de acuerdo que esas personas no son absolutamente dignas de confianza porque su motivo principal para trabajar y vivir es únicamente el interés personal, y si el interés de otro lo amenaza, obviamente se defiende, pudiendo utilizar las armas que ha recolectado mientras ha hecho espléndidas cosechas por las oficinas de los cargos administrativos e influencias de alto nivel. La idea de esas personas, lo repito, es ser importantes, estar por encima de los demás.
Aunque estas cosas se dan incluso en la Iglesia –porque está formada de seres humanos-, el ideal de Jesús no es ese. Vemos hoy que se opone rotundamente a todo ese tipo de compadrazgos que lo único que generan es exclusión y, lo más grave, corrupción. No es el modelo para una comunidad de hermanos que anuncia el mensaje del amor que Cristo dejó para que lo predicaran sus discípulos sobre todo con la vida y después con las palabras.
La primera lectura nos puede servir de fotografía de la vida del Maestro Jesús, que ha recorrido el camino del dolor, y la profecía de la lectura de Isaías –pronunciada varios siglos antes de la venida de Jesús- nos recuerda que el cristianismo es un cargar la cruz… pero por favor, no interpretemos el cristianismo como un camino de dolor… pensar que el dolor está al centro de la vida cristiana sería un masoquismo espiritual, una opción absolutamente absurda. Lo que el texto nos quiere recordar es que todo aquel que quiere vivir el camino de Jesús: el Reino, la coherencia del amor, el anuncio de la justicia en la vida propia, a menudo negándose a soluciones egoístas, tendrá que vivir la cruz como posibilidad en su vida:
1. Dentro de mi propia persona, porque elegir mi vidita y cerrarme a la necesidad de los demás –y no hay primero que mirar fuera de la casa… ya los que están dentro de mi casa tienen bastantes necesidades y vaya que es difícil dar testimonio del ser cristiano dentro de la casa, o mejor, no puedo hacer el cristiano al 50% entre los míos: o soy o no soy… siempre estarán mis familiares para recordarme mis inconsistencias-. Esto ya es cruz.
2. En mi entorno, fuera de la familia: la realidad laboral está llena de esos resquicios legales y prácticas que a menudo se contraponen con los valores cristianos… aquí es donde sentimos con más fuerza el contacto con una sociedad que hace tiempo dejó de ser cristiana, y he sido testigo de muchas personas que se sienten discriminadas por el solo hecho de no optar por la vía fácil del engaño, de pasar por encima del otro o de las prácticas deshonestas. Segunda cruz.
3. La más fuerte, reservada para algunos: el contraste con la sociedad o el sistema político que experimentan los cristianos que defienden un valor fundamental contra la maquinaria estatal que pretende imponer una idea valórica o política. Cuando la persecución asume modos violentos, estamos ante la antesala del martirio por causa del Reino. Es el grado supremo de la identificación con la persona de Jesús.
San Agustín nos regala esta reflexión, a propósito de la petición de la madre de los hijos de Zebedeo:
“¿Qué les responde a quienes buscaban lugar tan privilegiado? “¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?” ¿Qué cáliz sino el de la pasión, el de la humildad, bebiendo el cual y haciendo suya nuestra debilidad, dice al Padre: “Padre, si es posible pase de mí este cáliz”? Él se pone en lugar de quienes rehusaban beber ese cáliz y buscaban el lugar privilegiado... Buscáis a Cristo glorificado; acercaos a Él crucificado... Ésta es la doctrina cristiana, el precepto y la recomendación de la humildad: “no gloriarse a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal 6,14)” (Sermón 160,5).
De estas maneras podemos asumir el camino de Cristo… y los oficios que lleguen, o responsabilidades que se asuman a lo largo del camino, que provengan de las capacidades personales de cada uno y no del lobby que hice de mis pretendidas capacidades con tal de escalar posiciones sociales. Hay que hacer el trabajo de cada día, bien, y serán otros que evaluarán, según el trabajo que hice bien, si sirvo o no para tal o cual cosa. Este fue el ejemplo incluso de algunos de los que hoy consideramos como grandes, pero que durante su vida mantuvieron un proceder humilde. Albino Luciani (el futuro Papa Juan Pablo I, que sirvió como Pastor Universal de la Iglesia sólo por 33 días en 1978) fue ordenado obispo por el Papa Juan XXIII en 1958 en la Basílica de San Pedro. Cinco días antes fue recibido por el Pontífice en audiencia privada para mí inolvidable, según nos cuenta. Me confiaba que le era providencial y orientadora durante toda su vida una página del libro La Imitación de Cristo, que había meditado en 1904. “Vaya y búsquela”, me dijo. “Está en el Libro III, capítulo 23”. Mientras la buscaba, me la recitó de memoria:
Cuatro cosas dan gran paz:
-Aplícate a hacer la voluntad de los otros antes que la tuya propia;
-Prefiere tener menos antes que tener más;
-Busca siempre el último lugar, y
-desea siempre y ora para que se haga en ti integralmente la voluntad de Dios.
Me he siempre esforzado a poner en práctica estos cuatro puntos y me he encontrado bien tanto en la alegría como en el dolor”.
¿Es un poco difícil este camino? Un teólogo del siglo XX dijo, reflexionando sobre la cruz, que es el lugar donde todas las certezas humanas se destruyen. Es cierto… parece que es para superhombres. Pero el autor de la carta a los Hebreos nos dice que no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. O sea, conoce nuestros dolores y desde ellos es capaz de comprendernos. Una vez me quedé sin palabras ante alguien que me dijo, hablando de lo mismo: Pero Jesús es Dios… era muy fácil para Él soportar el dolor, las privaciones y todo eso. Él podía hacer milagros. ¡Cuidado con esta imagen de Cristo superhéroe que a veces nos ronda! Si era un superhéroe, ¿cómo poder explicar las palabras de infinito dolor que pronuncia en la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Estaba fingiendo? ¿Quién es capaz de hacer una obra de teatro en esas condiciones? Jesús, es cierto, es Verdadero Dios, pero es también Verdadero Hombre.
Por esto digo el camino que, a través de la liturgia semanal, realizamos en la escuela del seguimiento de Jesús, no es una aventura imposible. Agustín, reflexionando sobre lo mismo, planteaba el mirar a Jesús hombre y, desde allí –en su imitación- llegar hasta Cristo Dios. Que el Señor nos ilumine en este cometido y Él renueve nuestro camino, día a día.

muy linda. homilia...
ResponderBorrarpuedo dar a mas personas este blog...por que les gusto mucho la homilia de la semana pasada...muy hermosa...puedo puedo...????
besos...estudie arto arto
Querido Jose
ResponderBorrarque buen flog
bueno una ventana mas
para comunicarnos
muchas gracias
por acordarte de
tu oveja descarriada
jajjajaja
amigo y hermano
ten presente siempre
mi oración y
cariño incondicional
estes dnd estes
te qru
Loreaan***