Con tanta tormenta por estos días, ventarrones y espléndidos atardeceres santiaguinos luego de los vendavales, quedarán pozas de agua por doquier... un regalo para este otoño lluvioso, sufrido para muchos. De nuestro poeta Óscar Castro este "Romance de Barco y Junco", historia de un niño que jugaba con su barquito en un estanque cualquiera. La musicalización es de Ariel Arancibia para Los Cuatro de Chile, un conjunto que nunca me canso de escuchar.
28 de mayo de 2012
22 de mayo de 2012
Valdivia, 22 de mayo de 1960: El terremoto más potente de la Historia
Nuestra generación sabe de terremotos ocurridos en latitudes lejanas y en nuestro propio suelo. Pero quienes vivieron aquellos fatídicos días de mayo de 1960 -el 21 en Concepción, el 22 en Valdivia-, saben mejor que nosotros que la tierra es capaz de ser mucho más destructiva que lo que experimentamos el pasado 27 de febrero de 2010. Hace 52 años, a las 15:11 horas, hora local, se produjo en nuestro Chile una ruptura de capas tectónicas sin precedentes en toda la Historia de la humanidad. Sí, como leemos. La energía liberada alcanzó los 9,5 grados Richter, con un movimiento que duró alrededor de 10 minutos -sí, leíste bien, diez minutos-, devastó el territorio comprendido entre Talca y Chiloé y hundió al menos dos metros el terreno sobre el cual se halla la ciudad de Valdivia, para desarrollar un tsunami que incluso embistió con fuerza las costas japonesas.
Con este post queremos recordar la tragedia de aquel año en un aniversario más y, de paso, recordar que nuestro Chile es un país sísmico, aunque a estas alturas no sea tan necesario hacerlo.
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Santa Rita de Cascia: LA PELÍCULA. Puedes verla completa aquí
Hoy, 22 de mayo, les dejo un regalo: Desde esta página pueden ver completa la película que, en una coproducción italo-anglo-alemana bajo el patrocinio de la Orden de San Agustín, relata la vida de Santa Rita. Una ocasión privilegiada para conocer la vida de nuestra querida santa. En los controles de la ventana puedes escoger la opción "ver pantalla completa". Un abrazo para todos y feliz fiesta de Santa Rita.
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Oración a Santa Rita de Cascia, Abogada de Imposibles
Oh gloriosa Santa Rita de Cascia!
Con el alma llena de confianza por los continuos favores que alcanzas del cielo, en bien de tus fieles devotos, vengo hoy a tu presencia, a rogarte que intercedas con tu Amado Esposo y Redentor del mundo, a fin de que oiga benigno lo que solicito de su gran poder e infinita misericordia. A ti, que recibiste en el transcurso de tu larga y santa vida, tantas y tan repetidas muestras de ser un alma privilegiada de su Amor, te atenderá bondadoso, si le ruegas por mí con ese ardiente fervor que siempre te animaba cuando te postrabas a orar a los pies del santo Crucifijo.
[Aquí se dice lo que se ha de pedir]
Por tus grandes méritos de pronta obediencia al dictamen de tus queridos padres: de abnegada resignación antes las asperezas de tu esposo; de caritativa y heroica inmolación de tus pequeños y amados hijos; de aguda pena al ver las dificultades que tuviste para ingresar en la morada de tus anhelos, el claustro religioso; por los intensos dolores causados por la espina en tu frente; pide, Santa Gloriosa, me otorgue lo que por tu mediación con ansia vivísima desea mi alma. Si Él quiere puede concedérmelo, pues su mano divina es omnipotente en el cielo y en la tierra.
Si fuera para mayor gloria del Altísimo y bien de mi alma, que vea presto escuchada y atendida la petición, cuyo buen resultado, a ruego tuyo, confío obtener del poder y bondad de su paternal corazón. Así sea.
Santa Rita de Cascia, abogada de los imposibles, ruega por tu devoto.
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21 de mayo de 2012
Los documentos filtrados y la indignación vaticana
Ofrecemos una traducción propia del artículo del vaticanista Andrea Tornielli, quien en su blog Sacri Palazzi nos da sus impresiones del libro Sua Santità: Le Carte Segrete di Benedetto XVI. Para reflexionar sobre lo que significa atentar contra la privacidad de una persona -en este caso el Santo Padre- y las pugnas al interno del Vaticano que algunos aprovechan como fuente de ganancias.
Queridos amigos: He terminado recién
de leer el libro Sua Santità. Le carte segrete di Benedetto
XVI, que contiene los
Vatileaks, documentos que una fuente interna al Vaticano entregó al
periodista Gianluigi Nuzzi. Como sabrán, la Santa Sede reaccionó
con extrema dureza, definiendo la operación como “un acto
criminal”, anunciando que “cumplirá los pasos oportunos” y
pidiendo también la colaboración internacional.
Es evidente y
también comprensible la gran irritación del Vaticano, que ve
publicados apuntes, memorandum, apuntes y cartas escritas hace pocos
meses o pocas semanas. No sabiendo cuáles elementos legales puedan
invocarse para ir contra la publicación, me parece obvio que la
Santa Sede tiene un problema de seguridad interna y que el “acto
criminal” fue realizado por alguien que trabaja al interno del
Vaticano, que tuvo acceso a los archivos, que es alguien capaz de
interceptar cartas que están en el escritorio del Papa, de su
Secretario y del Cardenal Secretario de Estado. Alguien que sigue
un proyecto preciso, cuyos contornos no son aún muy evidentes.
Sin embargo, el problema viene de más arriba, y tiene que ver con
quienes lo idearon.
Por lo que me
parece, la investigación interna para descubrir a los
responsables aún camina a tientas en la oscuridad, los tres
ancianos cardenales encargados de la investigación (Herranz, Tomko y
De Giorgi), recibieron los resultados del trabajo realizado por la
Gendarmería Vaticana y me parece que no hay elementos precisos que
inculpen a alguien en particular, no obstante no sea tan grande el
número de personas que podían tener acceso a las cartas pasadas por
la mesa del Papa y de su secretario. Desde este punto de vista, la
institución de la comisión investigadora -anunciada con un mes de
anticipación por el Sustituto Becciu y establecida el 25 de abril
pasado, como también el comunicado de la Santa Sede, parecen ser
un intento de evitar que filtraciones de documentos se repitan en el
futuro. Sin embargo, tres meses después de las primeras
filtraciones, la solución se ve todavía lejana, por el momento.
No se puede dejar
de notar, por otra parte, que el duro comunicado vaticano pasa a ser
un regalo involuntario para el autor del libro. Obviamente quien ha
preparado la declaración, queriendo así mandar una señal
precisa, no tenía esta intención.
Volviendo al libro,
hay ciertamente un notable interés documental, por los papeles que
pone a disposición. He podido constatar que no sale confirmado el
cuadro que, en algún caso incluso yo, sin tener los documentos en la
mano, en mi modo humilde y más fragmentado, había ilustrado. Por
ejemplo, en el caso del encuentro entre el Papa y el Presidente
italiano Giorgio Napolitano, el 19 de enero de 2009. Sobre aquel
almuerzo -no cena- habló ampliamente el periódico italiano Il
Giornale cuatro días después de ocurrido.
Es también
interesante el apunte sobre el episodio, objetivamente inquietante,
del automóvil de la Gendarmería Vaticana, con patente de la Santa
Sede, que la noche del 10 de diciembre de 2009 fue abollado a golpes
mientras sus ocupantes cenaban en un restaurante romano. En este
caso, también se confirma la reconstrucción realizada por Il
Giornale, como da testimonio un artículo escrito días después
del incidente ocurrido la noche de Navidad de aquel año, cuando el
Papa fue precipitado a tierra por una ciudadana suiza con problemas
psíquicos.
Lo mismo vale para
los párrafos dedicados al caso Williamson -el obispo lefebvrista que
niega el Holocausto perpetrado por los nazis- y a la revocación de
la excomunión de los obispos seguidores de Lefebvre: en el libro,
Nuzzi propone de nuevo el informe del encuentro que se realizó en la
Secretaría de Estado, hecho público en agosto de 2010 en el libro
Ataque a Ratzinger. Lo mismo vale para la reconstrucción del
desencuentro por el control del Toniolo y la voluntad de nombrar a
Giovanni Maria Flick al lugar del Cardenal Tettamanzi, y por el
debate y las tensiones internas generadas por el proyecto de comprar
el Hospital San Rafael con los dineros del Instituto de Obras
para la Religión -el Banco Vaticano.
Ofrecen en cambio
nuevos detalles que completan un cuadro sólo en parte las cartas del
ex director del diario de la Conferencia Episcopal Italiana, Dino
Boffo, al secretario del Papa, mientras abren temas nunca antes
vistos las comunicaciones relativas al nombramiento del Cardenal
Angelo Scola a la sede de Milán, como otros documentos que hacen
comprender algunas dinámicas internas en el Vaticano.
No estoy de
acuerdo, sin embargo, sobre lo que escribe Nuzzi en la
introducción y con lo que han afirmado quienes han presentado su
libro en la prensa: cuando sostienen que es inoportuno preguntarse
sobre quién fue el que extrajo del Vaticano un paquete tan
macizo de documentos, en vez de centrarse en los documentos mismos.
Es obvio que es necesario mirar los documentos que, reitero,
contribuyen a reconstruir con mayor riqueza de detalles sucesos que
ya conocíamos. Pero creo que sea igualmente importante, para
descifrar las dinámicas internas de la Santa Sede, ponerse la
pregunta sobre qué cosa sucedió y sobre qué pugna se está
desarrollando en los palacios del Vaticano, sobre quién y por qué
haya querido efectuar esta filtración de documentos sin precedentes.
Y el señor Nuzzi me disculpará si me es difícil creer la
explicación que da sobre la fuente “María” -bajo cuyo
nombre se esconden el o los informantes que filtraron los documentos
privados del Vaticano-, que decide hacer salir paquetes de
documentos sólo porque quiere “transparencia”.
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Mons. Alejandro Goic sobre discurso presidencial del 21 de mayo: "El tema del salario digno sigue pendiente"
Por encontrarse fuera del país Mons. Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago y presidente de la CECh, correspondió al obispo de Rancagua, como presidente en ejercicio, representar a la Conferencia Episcopal en esta importante ceremonia que calificó como una fiesta republicana.
Mons. Goic señaló que, a pesar de las tensiones previas al acto, las autoridades e invitados presentes tuvieron un comportamiento cívico a la altura de la dignidad de la ceremonia: "Yo valoro que haya sido una manifestación de mucho respeto, se escuchó al Sr. Presidente y fue una verdadera fiesta republicana", afirmó el obispo de Rancagua.
Entre los asuntos más relevantes contenidos en el Mensaje presidencial, Mons. Goic destacó la iniciativa del ingreso ético familiar, "que será un aporte para un grupo de familias". Pero aclaró que sigue pendiente el tema de los salarios dignos, que planteó la Iglesia Católica a partir del año 2007.
"Cualquier ayuda y cualquier subvención es positiva, pero es muy distinto entregar bonificaciones a grupos de menores ingresos que buscar mejorar sus remuneraciones de un modo permanente", señaló el presidente en ejercicio de la Conferencia Episcopal.
En este sentido, agregó que es necesario desplegar el mayor esfuerzo y creatividad de las autoridades, políticos y técnicos para colocar al ser humano en el centro y alcanzar el propósito de una sociedad más equitativa.
Fuente: Prensa CECh
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22 de mayo: Santa Rita de Cascia, agustina, Abogada de Imposibles
Nace en 1381, en Roccaporena, cerca de Casia, en la Umbría italiana. Su verdadero nombre era Margarita, pero desde muy pequeña la llamaron Rita, y así se quedó para toda la vida. Crece en el temor de Dios y en la atención a sus ancianos padres Sus padres eran pacificadores de Cristo en las luchas políticas y familiares entre güelfos y gibelinos. Fue hija única. Desde su nacimiento ya empezó a demostrar que iba a ser la "Abogada de los imposibles", pues la mamá sufría la enfermedad de la esterilidad y no podía tener hijos y con mucha oración obtuvo de Dios el prodigio de que le concediera esta buena hija. Cuando la niña nació ya sus padres eran bastante viejos. Desde sus primeros años dio muestras de una gran inclinación a la piedad. Su mayor gusto era dedicarse a la oración y el más grande deseo de su alma de juventud era ser religiosa.
Pero sus padres dispusieron más bien que debían hacerla contraer matrimonio. Y ella, que siempre fue obedientísima, aceptó la determinación paterna cuando iba a cumplir los diez y seis años, Rita se casó con Pablo Fernando Manzini, joven bien dispuesto, pero resentido, de carácter áspero y violento. Y sucedió que, como se acostumbraba en ese tiempo, la elección del esposo no fue hecha por la muchacha sino por los progenitores y estos se equivocaron totalmente al buscarle marido y quizás no se fijaron en las cualidades exteriores del individuo y no averiguaron bien qué tal era su personalidad y casaron a Rita con un verdadero monstruo de maldad. El marido resultó brutal, mujeriego y de un temperamento ciento por ciento agresivo. El tal hombre llegó a ser el terror de los vecinos y un continuo agresor dentro de su casa. La bondad de Rita superó las asperezas del marido e hizo posible una vida de paz y de concordia. Tuvieron dos hijos varones.
Con una vida sencilla, rica en oración y de virtudes, toda dedicada a la familia, ayudó al marido a convertirse y a llevar una vida honesta y de trabajo. Su vida de madre y de esposa fue turbada por el asesinato del marido, víctima del odio entre los grupos. Rita logró ser coherente con el Evangelio, perdonando totalmente, como Jesús, a quien le había causado tanto dolor. Los hijos, en cambio, influenciados del ambiente y de los parientes, estuvieron tentados y proclives a la venganza. La madre, para evitar la ruina humana y espiritual de sus hijos, pidió a Dios que prefería la muerte de sus hijos antes que verlos manchados de sangre; ambos enfermaron y murieron muy jóvenes. Su oración, humanamente incomprensible fue escuchada.
Rita, viuda y sola, pacificó los ánimos y reconcilió las familias con la fuerza de la oración y del amor; entonces pudo entrar en el monasterio agustiniano de santa María Magdalena de Casia. Aquí lleva una vida santa con una particular espiritualidad, que privilegiaba la Pasión de Cristo; y vivió cuarenta años, sirviendo a Dios y al prójimo con una generosidad y alegría atenta a las diversas situaciones dramáticas del ambiente y de la Iglesia de su tiempo. Sobresale por su espíritu de oración, su identificación con la voluntad de Dios aceptando la cruz, su amor a la Eucaristía y su entrega al prójimo. En los últimos quince años de su vida, Rita llevó sobre la frente el estigma de una de las espinas de la corona de Cristo, completando así en su carne los sufrimientos de Jesús.
Pero se cuenta... que Rita quiso entrar en el convento de las hermanas agustinas de Casia, pero su petición no fue aceptada. De vuelta al retiro del hogar, oró incesantemente a sus tres santos protectores: S. Juan Bautista, S. Agustín y S. Nicolás de Tolentino, y una noche se produjo el prodigio. Los tres santos se le aparecieron y la invitaron a seguirles, abriendo las puertas del convento, bien protegido por muros y cerrojos, la condujeron hasta el medio del coro, donde estaban recitando la oración de la mañana. Así Rita pudo vestir el hábito de las agustinas, realizando el antiguo deseo de entrega total a Dios. Se dedicó a la penitencia, a la oración y al amor de Cristo crucificado, que la asoció aun visiblemente a su pasión, con el estigma de una espina en su frente.
Este estigma milagroso, recibido durante un éxtasis, marcó el rostro con una dolorosísima llaga purulenta hasta su muerte, esto es, durante catorce años. La fama de su santidad pasó los limites de Casia. Las oraciones de Rita obtuvieron prodigiosas curaciones y conversiones. Para ella no pidió sino cargar sobre sí los dolores del prójimo. Murió en el monasterio de Casia en 1457 y fue canonizada en el año 1900.
Fue venerada como santa inmediatamente después de su muerte, como se encuentra testimoniado en el sarcófago y en el “Codex miraculorum”, documentos ambos que pertenecen al 1457-62. Sus huesos, desde el 18 de mayo de 1947, reposan en el Santuario dentro de una urna de plata y cristal trabajada en 1930. Recientes estudios médicos han afirmado que sobre la frente, al lado izquierda, se encuentran las huellas de una llaga ósea (osteomielitis). El pie derecho tiene, además, la señal de una enfermedad padecida en los últimos años, quizás una artritis; mientras su estatura era de 1,57 cm. El rostro, las manos y los pies están momificados, bajo el hábito de monja agustina se encuentra entero el esqueleto articulado.
Fue característica suya pasar por todos los estados de la vida, y en cada una de estas etapas se dedicó a cumplir sus deberes con la mayor exactitud posible y todo por amor de Dios, superando el sufrimiento con amor generoso y con un profundo espíritu de penitencia, siendo siempre mensajera de paz y reconciliación.
Rita, según algunos autores muerta en 1447, según otros en 1457, fue beatificada en 1628 por Urbano VIII, y León XIII la proclamó santa el 24 de mayo de 1900.
Rita, viuda y sola, pacificó los ánimos y reconcilió las familias con la fuerza de la oración y del amor; entonces pudo entrar en el monasterio agustiniano de santa María Magdalena de Casia. Aquí lleva una vida santa con una particular espiritualidad, que privilegiaba la Pasión de Cristo; y vivió cuarenta años, sirviendo a Dios y al prójimo con una generosidad y alegría atenta a las diversas situaciones dramáticas del ambiente y de la Iglesia de su tiempo. Sobresale por su espíritu de oración, su identificación con la voluntad de Dios aceptando la cruz, su amor a la Eucaristía y su entrega al prójimo. En los últimos quince años de su vida, Rita llevó sobre la frente el estigma de una de las espinas de la corona de Cristo, completando así en su carne los sufrimientos de Jesús.
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20 de mayo de 2012
Silencio y Palabra: Camino de Evangelización
MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA XLVI JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
“Silencio y Palabra: camino de evangelización”
[Domingo 20 de mayo de 2012]
Queridos hermanos y hermanas:
Al acercarse la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012, deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado.
El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena. En el silencio, por ejemplo, se acogen los momentos más auténticos de la comunicación entre los que se aman: la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo como signos que manifiestan la persona. En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa. Del silencio, por tanto, brota una comunicación más exigente todavía, que evoca la sensibilidad y la capacidad de escucha que a menudo desvela la medida y la naturaleza de las relaciones. Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda a descubrir la relación existente entre situaciones que a primera vista parecen desconectadas entre sí, a valorar y analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido. Por esto, es necesario crear un ambiente propicio, casi una especie de “ecosistema” que sepa equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos.
Gran parte de la dinámica actual de la comunicación está orientada por preguntas en busca de respuestas. Los motores de búsqueda y las redes sociales son el punto de partida en la comunicación para muchas personas que buscan consejos, sugerencias, informaciones y respuestas. En nuestros días, la Red se está transformando cada vez más en el lugar de las preguntas y de las respuestas; más aún, a menudo el hombre contemporáneo es bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha planteado, y a necesidades que no siente. El silencio es precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes. Sin embargo, en el complejo y variado mundo de la comunicación emerge la preocupación de muchos hacia las preguntas últimas de la existencia humana: ¿quién soy yo?, ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo esperar? Es importante acoger a las personas que se formulan estas preguntas, abriendo la posibilidad de un diálogo profundo, hecho de palabras, de intercambio, pero también de una invitación a la reflexión y al silencio que, a veces, puede ser más elocuente que una respuesta apresurada y que permite a quien se interroga entrar en lo más recóndito de sí mismo y abrirse al camino de respuesta que Dios ha escrito en el corazón humano.
En realidad, este incesante flujo de preguntas manifiesta la inquietud del ser humano siempre en búsqueda de verdades, pequeñas o grandes, que den sentido y esperanza a la existencia. El hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo, sobre todo en nuestro tiempo en el que “cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2011)
Hay que considerar con interés los diversos sitios, aplicaciones y redes sociales que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, meditación y de compartir la Palabra de Dios. En la esencialidad de breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad. No sorprende que en las distintas tradiciones religiosas, la soledad y el silencio sean espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la Verdad que da sentido a todas las cosas. El Dios de la revelación bíblica habla también sin palabras: “Como pone de manifiesto la cruz de Cristo, Dios habla por medio de su silencio. El silencio de Dios, la experiencia de la lejanía del Omnipotente y Padre, es una etapa decisiva en el camino terreno del Hijo de Dios, Palabra encarnada… El silencio de Dios prolonga sus palabras precedentes. En esos momentos de oscuridad, habla en el misterio de su silencio” (Exhort. ap. Verbum Domini, 21). En el silencio de la cruz habla la elocuencia del amor de Dios vivido hasta el don supremo. Después de la muerte de Cristo, la tierra permanece en silencio y en el Sábado Santo, cuando “el Rey está durmiendo y el Dios hecho hombre despierta a los que dormían desde hace siglos” (cf. Oficio de Lecturas del Sábado Santo), resuena la voz de Dios colmada de amor por la humanidad.
Si Dios habla al hombre también en el silencio, el hombre igualmente descubre en el silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios. “Necesitamos el silencio que se transforma en contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios y así nos permite llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora” (Homilía durante la misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional, 6 de octubre 2006). Al hablar de la grandeza de Dios, nuestro lenguaje resulta siempre inadecuado y así se abre el espacio para la contemplación silenciosa. De esta contemplación nace con toda su fuerza interior la urgencia de la misión, la necesidad imperiosa de “comunicar aquello que hemos visto y oído”, para que todos estemos en comunión con Dios (cf. 1 Jn 1,3). La contemplación silenciosa nos sumerge en la fuente del Amor, que nos conduce hacia nuestro prójimo, para sentir su dolor y ofrecer la luz de Cristo, su Mensaje de vida, su don de amor total que salva.
En la contemplación silenciosa emerge asimismo, todavía más fuerte, aquella Palabra eterna por medio de la cual se hizo el mundo, y se percibe aquel designio de salvación que Dios realiza a través de palabras y gestos en toda la historia de la humanidad. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la Revelación divina se lleva a cabo con “hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas” (Dei Verbum, 2). Y este plan de salvación culmina en la persona de Jesús de Nazaret, mediador y plenitud de toda la Revelación. Él nos hizo conocer el verdadero Rostro de Dios Padre y con su Cruz y Resurrección nos hizo pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la libertad de los hijos de Dios. La pregunta fundamental sobre el sentido del hombre encuentra en el Misterio de Cristo la respuesta capaz de dar paz a la inquietud del corazón humano. Es de este Misterio de donde nace la misión de la Iglesia, y es este Misterio el que impulsa a los cristianos a ser mensajeros de esperanza y de salvación, testigos de aquel amor que promueve la dignidad del hombre y que construye la justicia y la paz.
Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo. A María, cuyo silencio “escucha y hace florecer la Palabra” (Oración para el ágora de los jóvenes italianos en Loreto, 1-2 de septiembre 2007), confío toda la obra de evangelización que la Iglesia realiza a través de los medios de comunicación social.
Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales
BENEDICTUS PP. XVI
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19 de mayo de 2012
El Papa pierde la paciencia: El Vaticano buscará y llevará a los Tribunales a los autores de filtraciones de documentos privados
Un libro, cuya portada reproducimos aquí, fue escrito sobre la base de cartas enviadas al Papa Benedicto XVI por parte de jefes de Estado de Europa y que abordan casos extremadamente delicados. Ya el hecho de sustraer documentos reservados al Santo Padre, como cualquier persona, constituye un delito de hurto, mientras que publicarlas es delito de receptación. Cuando el morbo -o el querer perjudicar directamente a personas en concreto, con malas intenciones- da pie para violar un derecho humano tan sagrado como la privacidad de una persona, a todas luces merece nuestra mayor condena y repudio. Es por esto que la Sala de Prensa de la Santa Sede reacciona contra la publicación del libro y emite esta nota:
Nota de la Sala de Prensa de la Santa Sede
ante nuevas filtraciones de documentos reservados de la Curia Romana
y del Santo Padre el Papa Benedicto XVI
“La nueva publicación de documentos de la Santa Sede y de documentos privados del Santo Padre no se presenta ya solo como una discutible –y objetivamente difamatoria- iniciativa periodística, sino que asumen también claramente las características de un acto criminal.
El Santo Padre, así como sus diversos colaboradores y los emisores de los mensajes a él dirigidos, han visto violados sus derechos personal de reserva, intimidad y libertad de correspondencia.
La Santa Sede continuará investigando en los diversos asuntos de violación de la privacidad del Santo Padre –tanto como persona como la suprema autoridad de la Iglesia y del Estado de la Ciudad del Vaticano- y dará los pasos oportunos a fin de que los autores del robo y de la divulgación de noticias secretas, además del uso también comercial de documentos privados, ilegítimamente adquiridos y mantenidos, respondan por sus actos ante la justicia. Si es necesario, para este fin, se solicitará la colaboración internacional".
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Ascensión del Señor: También nosotros con Él en la Gloria
HOMILÍA
ASCENSIÓN DEL SEÑOR- B
En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo:
-Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos.
El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.
Mc 16,15-20
En una conversación con un sacerdote ortodoxo, éste me hizo observar el poco interés espiritual que ponemos los católicos en el misterio de la ascensión.
- Es verdad que lo celebráis como un día de fiesta, pero me parece que su aspecto religioso propiamente dicho os pasa un poco desapercibido. Para nosotros, los ortodoxos, es una fiesta muy apreciada, muy hondamente vivida.
- ¿Por qué? - Porque ésa es la razón final de la venida de Jesús a la tierra: Dios se hizo hombre para que el hombre fuera divinizado. En la ascensión, se eleva la plenitud de su naturaleza humana, unida a su divinidad, y nos eleva a nosotros hasta Dios.
- Es natural, pero ¿seguimos unidos con él?
- ¡Desde luego! Más que nunca. Se trata de un misterio de ausencia-presencia. Cuando intentamos imaginarnos a un hombre que nos deja elevándose por las nubes, matamos el misterio de la ascensión: hacemos de él una ausencia, siendo así que es un misterio de presencia multiplicada. Marcos nos hace percibir muy bien todo esto yuxtaponiendo con toda claridad unas cosas contradictorias: "El Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el mensaje por todas partes y el Señor cooperaba confirmándolo".
Mateo habla solamente de presencia; es la última palabra de Jesús: "Yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin del mundo".
Lucas acentúa más bien la ausencia: "Se separó de ellos y lo llevaron al cielo" (Lc 24, 51). Lo subraya más aún en los Hechos: "Lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos" (Hch 1, 9). Pero en su evangelio hace esta observación sorprendente: "Los discípulos se volvieron a Jerusalén llenos de alegría" (Lc 24, 52). ¿Alegres porque se habían llevado a Jesús? Se trata de un guiño revelador: "¡Cuidado! Esa ausencia se va a convertir en una presencia mayor". Por eso, en los Hechos, dos ángeles (hemos de entender a Dios) les echan un buen rapapolvos a los discípulos: "¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?" (Hch 1, 11) ¿Ausencia, presencia? ¿Buscar a Jesús en el cielo, trabajar con él en la tierra? El esfuerzo de fe que se nos pide consiste en que unifiquemos dos relaciones con Jesús aparentemente muy distintas.
Sí, Jesús "está a la derecha del Padre". Esto quiere decir: "en la gloria de Dios", y podemos soñar, hemos de soñar, con "levantar los ojos al cielo". Jesús resucitado sigue siendo un hombre, uno de nosotros; por consiguiente, ¡un hombre ha entrado en la gloria de Dios! Y nosotros con él, si creemos en la unidad de todos los hombres en Jesucristo. ¿Cómo no va a quedar ya imantada nuestra propia vida por esta vida de Jesús en el cielo, que nos atrae día tras día "fijando nuestro deseo, como dice magníficamente san León Magno, en donde la mirada es incapaz de llegar?".
¡La fe sí que llega! Durante su vida terrena, la gente vio, escuchó y tocó a Jesús. Pero ¿cómo? ¿Y con qué resultados? Fueron muy pocos los que sospecharon su misterio y trabaron relación con él. Cuando parece que "se marcha", en la ascensión, se convierte por el contrario en aquél que será la presencia para cualquier hombre que le abra su vida. Por eso precisamente Lucas podía decir: "Se lo llevaron al cielo y los discípulos volvieron llenos de alegría". Fueron ellos los primeros en realizar la experiencia de la nueva presencia. Lejos de perderlo, ganaban la facultad de vivir en adelante con él en una intimidad de pensamiento y de acción que palpamos tan bien cuando leemos los Hechos: "Yo estoy con vosotros".
La dificultad (¡tan grande!) es que fue necesario pasar del trato familiar, del rostro y de la voz, a la aproximación de la fe. Cito una vez más a san León: "La fe estaba llamada a tocar, no con una mano carnal, sino con una inteligencia sobrenatural, al Hijo único igual al que lo engendra".
Nunca se le pide tanto a nuestra fe como en este misterio de la ascensión, en donde esa fe tiene que aprender a vivir con Jesús en el cielo y en la tierra.
ANDRE SEVE
EL EVANGELIO DE LOS DOMINGOS
EDIT. VERBO DIVINO ESTELLA 1984 Pág. 115
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19 de mayo: Beatos Clemente de Ósimo y Agustín de Tarano: Sabiduría y humildad en el gobierno de la Orden de San Agustín
CLEMENTE, nació a primeros del siglo XIII en la región italiana de las Marcas, muy probablemente en San Elpidio, si bien los primeros historiadores lo hacen natural de Ósimo.
De adolescente entró a formar parte de la congregación eremítica de Bréttino, llegará a ser agustino en 1256. En 1269 era provincial de la provincia de la Marca Anconitana. A partir del 1271 gobernó la Orden por tres años. Después de haber renunciado a su oficio, llevó una vida retirada. Aún así, tuvo el cargo de visitador de la provincia romana. Por segunda vez es elegido general, hora por unanimidad, en el capítulo de 1284. Luego, en el capítulo celebrado en Florencia en 1287 sería confirmado por otros tres años, y obligado a aceptar nuevamente el cargo de general en el capítulo de Ratisbona de 1290. La muerte le sorprendió en la primavera de 129l.
Clemente desarrolló en su generalato una gran labor en beneficio de la Orden: potencia los estudios fundando el Estudio General de Roma, insiste en la observancia religiosa, consigue ayudas económicas, dispensas pontificias, como por ejemplo la exención de la jurisdicción de los obispos, funda conventos femeninos, fomenta la creación de bibliotecas y archivos provinciales, introduce en la Orden la devoción a la Señora...
Su gobierno destaca por haber comenzado en la Orden la tradición mariana (1284) cuando habla de “Benedicta tu” y “Vigiliae B. M. Virginis” en honor de Nuestra Señora de Gracia; por la formulación y promulgación de leyes estables o constituciones para toda la Orden, conocidas por constituciones de Ratisbona (1290), que permanecieron en vigor, salvo ciertos retoques, hasta la reforma de Trento 1551; y por apostar firmemente por la cultura, creando cuatro estudios generales en Italia –Roma, Bolonia, Padua y Nápoles- y otro más en París, centro de la cultura europea del tiempo.
Cuatro veces general, gobernó la Orden de forma admirable, labor que le fue reconocida por los papas Honorio IV y Nicolás IV. Visitó los conventos de Francia, Alemania e Italia, y fue confesor del cardenal Gaetani, futuro Bonifacio VIII.
Se distinguió por su amor fraterno, espíritu de pobreza y benignidad. Murió con fama de taumaturgo y de santo en Orvieto el 8 de abril de 1291, donde se encontraba de visita pastoral, siendo enterrado en el convento agustino de la ciudad. En épocas sucesivas sus restos fueron repartidos entre Orviero, Ósimo y San Elpidio. A principios del siglo XIX gran parte de sus reliquias fueron trasladadas a la iglesia de san Agustín de Roma, donde permanecieron hasta que en 1970 pasaron a la capilla de la Curia General de la Orden.
Clemente XIII confirmó el culto “ab immemorabili” en 1761. La Orden Agustiniana celebra su memoria el 19 de mayo, unida a la del Beato Agustín de Tarano.
AGUSTÍN nació en Tarano (Rieti, Italia) hacia 1240, recibiendo el nombre de Mateo. Concluidos los estudios jurídicos cursados en la universidad de Bolonia, trabajó en la corte del rey Manfredo de Sicilia como consejero, secretario y prefecto en la cancillería del reino entre los años de 1248 y 1266. Muerto éste en la batalla de Benevento (1266) y herido o enfermo Mateo, decidió retirarse del mundo para dedicarse a la oración.
Después de haber reflexionado por un tiempo en Sicilia se llegó al convento de Rosia, cercano a Siena, integrándose en esta comunidad como hermano no clérigo, sencillo e ignorante, ocultando su cultura y condición social. Cambió el nombre de Mateo por el de Agustín. A tenor de un pleito que había puesto el obispado de Siena contra el convento, Agustín redactó una memoria, de extraordinario saber jurídico, en defensa de los derechos del convento. El abogado del obispado, antiguo compañero de universidad, descubrió quién era en realidad su autor. El amor a la justicia y a la comunidad desbarató maravillosamente sus planes, y fue descubierta su fama.
Cuando el general Clemente de Ósimo conoció la fama, los talentos y las virtudes del “nuevo” Agustín, lo trasladó a Roma. Poco después recibió el sacerdocio y Nicolás IV lo nombró penitenciario apostólico y confesor suyo. En estos oficios estuvo durante casi diez años, incluso bajo el pontificado de Celestino V y Bonifacio VIII. Por el mismo tiempo colaboró en su papel de canonista en la redacción de las constituciones ratisbonenses de 1290.
Una vez convocado el capítulo general en Milán y reunidos los capitulares, acordaron, en ausencia del interesado y sin conocer su parecer, elegir a Agustín de Tarano o Nuevo general de la Orden. Aceptó con gran humildad el cargo, si bien redujo el trienio a dos años, ya que anticipó el capítulo, convocándolo en 1300, en el cual renunció. El tiempo que gobernó la Orden lo hizo justa y paternalmente, promulgando buenas disposiciones, y sobresalió por su humildad y observancia religiosa. Agustín es el más prestigioso legislador de la Orden en el período formativo de la misma.
Los últimos nueve años de su vida los pasó en el convento de San Leonardo del Lago (Siena), muy próximo al de Lecceto, “descansando a la sombra de la divina contemplación”. Entregó su alma al Creador el 19 de mayo de 1309. El cuerpo fue trasladado a la iglesia de san Agustín de Siena, donde se le representó con un ángel a la espalda –“el ángel que susurra” se convertirá en una constante iconográfica- símbolo de la inspiración de lo alto.
En 1759, Clemente XIII aprobó el culto ininterrumpido proclamándolo beato. En la Orden agustiniana su memoria se celebra el 19 de mayo, juntamente a la de Clemente de Ósimo. En 1973, sus restos fueron trasladados a Términi Imerese en Sicilia.
Oración
Envíanos, Señor, el Espíritu de amor que animó a los beatos Clemente y Agustín en la revisión de las leyes y en el gobierno de la Orden, para que, enseñados con su ejemplo, cumplamos tus mandamientos, no por el temor del castigo, sino por el amor de la justicia. Por Cristo, Nuestro Señor.
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18 de mayo de 2012
Cambio de Fecha para la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote para el 2012
Informamos que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, mediante carta Prot. N. 266/12/1, del 2 de Mayo 2012, firmada por el Sr. Cardenal Antonio Cañizares, ha comunicado que, después de sopesar los antecedentes del caso y de acuerdo a las normas de la Iglesia, este año 2012 se puede celebrar la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, el día sucesivo, es decir el viernes 1 de junio, con el grado litúrgico de fiesta, a todos los efectos.
Lo anterior en razón de que este año su fecha normal coincide con la fiesta de la Visitación de la Virgen María.
Secretaría General de la CECh - Comisión Nacional de Liturgia
Fuente: Comisión Nacional de Liturgia
Santiago, 18/05/2012
Lo anterior en razón de que este año su fecha normal coincide con la fiesta de la Visitación de la Virgen María.
Secretaría General de la CECh - Comisión Nacional de Liturgia
Fuente: Comisión Nacional de Liturgia
Santiago, 18/05/2012
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16 de mayo de 2012
7 Fondos de Pantalla Católicos
Presentamos una nueva selección de Wallpapers (fondos de pantalla) para tu computador (ordenador). ¡Dale un toque católico! Para guardarlos, haz click con el botón derecho del mouse sobre el que más te guste (o todos, o varios) y guárdalos.
Mons. Fermando Chomalí, Arzobispo de Concepción, dará cuenta pública de su gestión en la Arquidiócesis.
Al estilo de los Presidentes de la República. Como las empresas que quieren ser transparentes. Así el Arzobispo de la Santísima Concepción, Mons. Fernando Chomalí Garib, desea enfrentar la opinión pública y dar cuenta pública de su gestión de la Arquidiócesis. Nadie le obliga, sólo el valor de la transparencia y -creemos- el valor de hacer partícipe a la comunidad de los fieles que Iglesia somos todos. Tendremos ocasión de escuchar, de primera mano, los hitos de la Arquidiócesis en el último año y por qué no, podríamos incluso escuchar números (Algunos de nuestros improbables lectores comprenderán, tal vez, que con estos "números" nos referimos a montos y a cifras meramente monetarias... puede que sí, pero podríamos también escuchar los números de bautismos, de matrimonios, etc. que nos darán cuenta mejor que desde lo monetario, aun desde la fría estadística, el paso de una Iglesia que camina). Felicitamos al Sr. Arzobispo por esta iniciativa y por este motivo promovemos con entusiasmo, desde esta trinchera, la transmisión de la cuenta pública, que tendrá lugar el martes 29 de mayo, a las 11.00 horas, en la sala Aula Magna de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Plaza de Armas de Concepción, a un costado de la Catedral), a la que se ha invitado a autoridades y a representantes de la comunidad penquista. El acto será transmitido por Radio Chilena y el portal JESUSTV.CL.
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16 de mayo: San Alipio y San Posidio, los grandes amigos de San Agustín
Sus nombres van íntimamente unidos al de San Agustín, como religiosos y como obispos. Son los mejores representantes de la herencia monástica del santo.
Las noticias sobre la vida de Alipio podemos hallarlas, casi totalmente, en las obras de su gran amigo san Agustín, con quien compartió los errores de la juventud, la conversión y las fatigas del apostolado.
Nació en Tagaste (hoy Souk Ahras, Argelia), de padres que formaban parte de la clase noble local. Pequeño de estatura, pero de ánimo fuerte y de carácter virtuoso, trabó una afectuosa e íntima amistad con Agustín, hasta el punto de que éste lo llama repetidamente “frater cordis mei”, hermano de mi corazón. Con él compartió los errores de juventud, la conversión, la vida religiosa y las fatigas del apostolado. San Agustín le describe como persona de índole religiosa, de gran honradez e imparcialidad por su amor a la justicia.
Algún año más joven que su amigo, frecuentó las escuelas de gramática de su tierra y las de retórica en Cartago; lo precedió en Roma, donde fue a estudiar derecho, y, más tarde, lo acompañó a Milán. En Roma fue consejero del “comes” distribuidor de las subvenciones a Italia, y dio muestras, poco frecuentes en estas circunstancias, de integridad y desinterés. Resistió enérgicamente a las pretensiones de un potente senador que intentó inducirlo a cometer irregularidades, mostrándose indiferente, con la admiración general, tanto ante las amenazas como ante las lisonjas: “Alma rara, escribe san Agustín, que no hizo caso de la amistad, ni temió el resentimiento de un hombre tan poderoso, célebre por los innumerables medios de que dispuso para hacer el bien o el mal”. La amistad con Agustín sirvió para retraerlo momentáneamente de la pasión por los juegos del circo, pero le arrastró el maniqueísmo.
Con el amigo, Alipio vivió la aventura del retorno a la fe. Casto de constumbres, le fue una gran ayuda en la lucha contra las pasiones y le desaconsejó unirse a una mujer para no renunciar a vivir libremente en el amor de la sabiduría. Estuvo presente en la crisis de la conversión y siguió su ejemplo. Se retiró con él a Casiciaco, donde participaba en las discusiones filosóficas y, junto con él, recibió el bautismo el 25 de abril del 387. Al año siguiente, Alipio volvió a África, y en Tagaste se retiró con los amigos a la vida cenobítica. En el 391 siguió a Agustín en el monasterio de Hipona. Poco después, viajó a oriente e hizo amistad con san Jerónimo. Fue estimado por san Paulino de Nola, quien admiró su santidad y su celo.
Elegido obispo de Tagaste, hacia el año 394, cuando Agustín era todavía sacerdote, a su lado, casi durante cuarenta años, brilla en la iglesia de África como reformador del clero, maestro de vida monástica (santa Melania, la joven, permaneció siete años en Tagaste bajo su dirección) y defensor de la fe contra donatistas y pelagianos.
Elegido obispo de Tagaste, hacia el año 394, cuando Agustín era todavía sacerdote, a su lado, casi durante cuarenta años, brilla en la iglesia de África como reformador del clero, maestro de vida monástica (santa Melania, la joven, permaneció siete años en Tagaste bajo su dirección) y defensor de la fe contra donatistas y pelagianos.
En el 411 participó en la conferencia de Cartago, siendo uno de los siete obispos católicos que disputaron con los donatistas. Contra los pelagianos se empleó con tal fuerza, que los herejes le unieron a Agustín en el odio y a Jerónimo en el mérito. En el 416 participó en el concilio de Milevi (Numidia) y escribió sobre esta reunión al papa Inocencio.
Por motivo de la causa pelagiana viajó varias veces a Italia, llevando obras agustinianas al pontífice Bonifacio y al “Comes” Valerio. En el 428, desde Roma, le mandó al amigo una réplica de Juliano, e insistió para que le contestara. Son las últimas noticias que tenemos de él. Se supone que estuvo en Hipona durante la muerte de san Agustín y que murió en el mismo año de 430.
Por motivo de la causa pelagiana viajó varias veces a Italia, llevando obras agustinianas al pontífice Bonifacio y al “Comes” Valerio. En el 428, desde Roma, le mandó al amigo una réplica de Juliano, e insistió para que le contestara. Son las últimas noticias que tenemos de él. Se supone que estuvo en Hipona durante la muerte de san Agustín y que murió en el mismo año de 430.
Junto con Alipio, Evodio y algún otro obispo, fue uno de los lugartenientes más fiables y capaces de Agustín, participando a menudo a su lado en los acontecimientos que caracterizaron la controversia con los donatistas y luego con los pelagianos. Bastará recordar su presencia en los concilios antidonatistas de Cartago del 403 y 407, y, sobre todo, en la magna conferencia celebrada en el 411 en Cartago entre católicos y donatistas, donde en refuerzo de Agustín tuvo ocasión de intervenir repetidas veces, como uno de los seis obispos elegidos por los 266 obispos católicos para hablar en nombre de todos ellos, al igual que Alipio. Por estas actuaciones se hizo particularmente antipático a los donatistas, que, en una ocasión, lo sometieron a graves violencias. También por parte de los paganos corrió riesgos serios por litigios surgidos en Calama.
Tomó parte, igualmente, en los concilios antipelagianos de Milevi en el 416 y de Cartago en el 419, y en los años 409 y 410 fue encargado de misiones oficiales en Italia para defensa de la vid eclesial, ante el emperador Teodosio II.
Junto con Alipio, Evodio y algún otro obispo, fue uno de los lugartenientes más fiables y capaces de Agustín, participando a menudo a su lado en los acontecimientos que caracterizaron la controversia con los donatistas y luego con los pelagianos. Bastará recordar su presencia en los concilios antidonatistas de Cartago del 403 y 407, y, sobre todo, en la magna conferencia celebrada en el 411 en Cartago entre católicos y donatistas, donde en refuerzo de Agustín tuvo ocasión de intervenir repetidas veces, como uno de los seis obispos elegidos por los 266 obispos católicos para hablar en nombre de todos ellos, al igual que Alipio. Por estas actuaciones se hizo particularmente antipático a los donatistas, que, en una ocasión, lo sometieron a graves violencias. También por parte de los paganos corrió riesgos serios por litigios surgidos en Calama.
Tomó parte, igualmente, en los concilios antipelagianos de Milevi en el 416 y de Cartago en el 419, y en los años 409 y 410 fue encargado de misiones oficiales en Italia para defensa de la vid eclesial, ante el emperador Teodosio II.
Tomó parte, igualmente, en los concilios antipelagianos de Milevi en el 416 y de Cartago en el 419, y en los años 409 y 410 fue encargado de misiones oficiales en Italia para defensa de la vid eclesial, ante el emperador Teodosio II.
Durante la invasión de los vándalos, en el 428, Calama fue devastada por los bárbaros y Posidio se refugió en Hipona, al lado de Agustín, que vivía entonces sus últimos momentos. Pudo tener así ocasión de asistir al tránsito de su maestro y amigo que, con conmovedora participación, describe en los últimos capítulos de su biografía.
Algún año más joven que su amigo, frecuentó las escuelas de gramática de su tierra y las de retórica en Cartago; lo precedió en Roma, donde fue a estudiar derecho, y, más tarde, lo acompañó a Milán. En Roma fue consejero del “comes” distribuidor de las subvenciones a Italia, y dio muestras, poco frecuentes en estas circunstancias, de integridad y desinterés. Resistió enérgicamente a las pretensiones de un potente senador que intentó inducirlo a cometer irregularidades, mostrándose indiferente, con la admiración general, tanto ante las amenazas como ante las lisonjas: “Alma rara, escribe san Agustín, que no hizo caso de la amistad, ni temió el resentimiento de un hombre tan poderoso, célebre por los innumerables medios de que dispuso para hacer el bien o el mal”. La amistad con Agustín sirvió para retraerlo momentáneamente de la pasión por los juegos del circo, pero le arrastró el maniqueísmo.
Con el amigo, Alipio vivió la aventura del retorno a la fe. Casto de constumbres, le fue una gran ayuda en la lucha contra las pasiones y le desaconsejó unirse a una mujer para no renunciar a vivir libremente en el amor de la sabiduría. Estuvo presente en la crisis de la conversión y siguió su ejemplo. Se retiró con él a Casiciaco, donde participaba en las discusiones filosóficas y, junto con él, recibió el bautismo el 25 de abril del 387. Al año siguiente, Alipio volvió a África, y en Tagaste se retiró con los amigos a la vida cenobítica. En el 391 siguió a Agustín en el monasterio de Hipona. Poco después, viajó a oriente e hizo amistad con san Jerónimo. Fue estimado por san Paulino de Nola, quien admiró su santidad y su celo.
Elegido obispo de Tagaste, hacia el año 394, cuando Agustín era todavía sacerdote, a su lado, casi durante cuarenta años, brilla en la iglesia de África como reformador del clero, maestro de vida monástica (santa Melania, la joven, permaneció siete años en Tagaste bajo su dirección) y defensor de la fe contra donatistas y pelagianos.
Elegido obispo de Tagaste, hacia el año 394, cuando Agustín era todavía sacerdote, a su lado, casi durante cuarenta años, brilla en la iglesia de África como reformador del clero, maestro de vida monástica (santa Melania, la joven, permaneció siete años en Tagaste bajo su dirección) y defensor de la fe contra donatistas y pelagianos.
En el 411 participó en la conferencia de Cartago, siendo uno de los siete obispos católicos que disputaron con los donatistas. Contra los pelagianos se empleó con tal fuerza, que los herejes le unieron a Agustín en el odio y a Jerónimo en el mérito. En el 416 participó en el concilio de Milevi (Numidia) y escribió sobre esta reunión al papa Inocencio.
Por motivo de la causa pelagiana viajó varias veces a Italia, llevando obras agustinianas al pontífice Bonifacio y al “Comes” Valerio. En el 428, desde Roma, le mandó al amigo una réplica de Juliano, e insistió para que le contestara. Son las últimas noticias que tenemos de él. Se supone que estuvo en Hipona durante la muerte de san Agustín y que murió en el mismo año de 430.
Por motivo de la causa pelagiana viajó varias veces a Italia, llevando obras agustinianas al pontífice Bonifacio y al “Comes” Valerio. En el 428, desde Roma, le mandó al amigo una réplica de Juliano, e insistió para que le contestara. Son las últimas noticias que tenemos de él. Se supone que estuvo en Hipona durante la muerte de san Agustín y que murió en el mismo año de 430.
Junto con Alipio, Evodio y algún otro obispo, fue uno de los lugartenientes más fiables y capaces de Agustín, participando a menudo a su lado en los acontecimientos que caracterizaron la controversia con los donatistas y luego con los pelagianos. Bastará recordar su presencia en los concilios antidonatistas de Cartago del 403 y 407, y, sobre todo, en la magna conferencia celebrada en el 411 en Cartago entre católicos y donatistas, donde en refuerzo de Agustín tuvo ocasión de intervenir repetidas veces, como uno de los seis obispos elegidos por los 266 obispos católicos para hablar en nombre de todos ellos, al igual que Alipio. Por estas actuaciones se hizo particularmente antipático a los donatistas, que, en una ocasión, lo sometieron a graves violencias. También por parte de los paganos corrió riesgos serios por litigios surgidos en Calama.
Tomó parte, igualmente, en los concilios antipelagianos de Milevi en el 416 y de Cartago en el 419, y en los años 409 y 410 fue encargado de misiones oficiales en Italia para defensa de la vid eclesial, ante el emperador Teodosio II.
Junto con Alipio, Evodio y algún otro obispo, fue uno de los lugartenientes más fiables y capaces de Agustín, participando a menudo a su lado en los acontecimientos que caracterizaron la controversia con los donatistas y luego con los pelagianos. Bastará recordar su presencia en los concilios antidonatistas de Cartago del 403 y 407, y, sobre todo, en la magna conferencia celebrada en el 411 en Cartago entre católicos y donatistas, donde en refuerzo de Agustín tuvo ocasión de intervenir repetidas veces, como uno de los seis obispos elegidos por los 266 obispos católicos para hablar en nombre de todos ellos, al igual que Alipio. Por estas actuaciones se hizo particularmente antipático a los donatistas, que, en una ocasión, lo sometieron a graves violencias. También por parte de los paganos corrió riesgos serios por litigios surgidos en Calama.
Tomó parte, igualmente, en los concilios antipelagianos de Milevi en el 416 y de Cartago en el 419, y en los años 409 y 410 fue encargado de misiones oficiales en Italia para defensa de la vid eclesial, ante el emperador Teodosio II.
Tomó parte, igualmente, en los concilios antipelagianos de Milevi en el 416 y de Cartago en el 419, y en los años 409 y 410 fue encargado de misiones oficiales en Italia para defensa de la vid eclesial, ante el emperador Teodosio II.
Durante la invasión de los vándalos, en el 428, Calama fue devastada por los bárbaros y Posidio se refugió en Hipona, al lado de Agustín, que vivía entonces sus últimos momentos. Pudo tener así ocasión de asistir al tránsito de su maestro y amigo que, con conmovedora participación, describe en los últimos capítulos de su biografía.
Posidio fue uno de los amigos íntimos de Agustín, y casi todo cuanto sabemos de él está en conexión con éste. Se formó cristianamente en el monasterio que Agustín había fundado al lado de la iglesia de Hipona, en torno al cual parecen comenzar sus relaciones con Agustín y Alipio. Allí vivió durante algunos años, hasta que, alrededor del 400, fue elegido obispo de Calama, ciudad de Numidia. Primer biógrafo de San Agustín, declara en su obra que vivió “con él en dulce familiaridad casi durante cuarenta años”.
Después del incendio de Hipona, Posidio pudo regresar a Calama, pero por poco tiempo. De hecho, en el 437 figura entre los que se opusieron a la orden de Genserico, que quería imponer la fe arriana en sus dominios y, en consecuencia, fue expulsado de su sede. A partir de este hecho carecemos de noticias suyas. Su muerte se suele situar en torno al 437.
Los Canónigos Regulares y la Orden celebran su fiesta unida a la de S. Alipio, el 16 de mayo; su culto fue confirmado, desde 1671, por Clemente X, con el breve “Alias a Congregatione”, del 19 de agosto de 1672.
Oración
Oh Dios, que hiciste a los obispos Alipio y Posidio, fraternalmente unidos a San Agustín, defensores de la verdad y propagadores de la vida común; concédenos, te lo pedimos, que de tal manera seamos libres en la verdad y esclavos en el amor, que permanezcamos fieles en tu servicio y en nuestra vocación. Por Cristo, nuestro Señor.
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