16 de febrero de 2011

16 de febrero de 1595: Llegada de los Agustinos a Chile



Los agustinos se adaptaron en cada etapa a las necesidades de su tiempo: propagación de la fe, culturización de los pueblos o acción social. No se puede entender, ni menos apreciar o criticar, el desenvolvimiento de la épica gesta del descubrimiento, conquista, evangelización, civilización, fundación de pueblos y organización social, si, al mismo tiempo, no se toma en cuenta la época en que se realizaron, el ambiente social reinante, las leyes de la Corona o de la Iglesia, el ansia de conquista de unos y la lógica reacción antagónica de los nativos.
También es preciso tener en cuenta la enorme extensión del Nuevo Continente, las difíciles vías de comunicación, la configuración orográfica, sísmica y climatológica de América, los medios primitivos de movilización y, fundamentalmente, que esta empresa la realizaban hombres con diferente modo de pensar, religión y costumbres, en regiones habitadas por gentes con cultura, creencias e idiomas diferentes.

Etapa Colonial

El agustino P. Vicente de la Requejada figura en la fundación de Coro (Venezuela) el 1527. Después de misionar en varios departamentos pasó a Colombia, donde intervino en la fundación de Tunja en 1539. Allí murió el año 1575. Su estadía fue meramente personal.

El primer asentamiento oficial de los agustinos en América ocurrió en México el 22 de mayo de 1533, con un grupo patrocinado por Sto. Tomás de Villanueva.

En 1548 el P. Agustín de la Santísima Trinidad arribó al Perú con el fin de preparar el ambiente para la instalación de la Orden, cuyos primeros religiosos llegaron a El Callao el 1 de junio de 1551. La expansión de los agustinos en el Perú fue meteórica: en menos de ocho años se extendieron también por todo Bolivia. En 1573 el P. Gabriel de Saona funda el convento de Quito en Ecuador y se interna en Colombia, donde se entrevista con el P. Requejada. En 1575 se establecen en Bogotá.

Mientras esto acontecía, el P. Andrés de Urdaneta, partiendo desde México, llega a Cebú en las Islas Filipinas el 25 de abril de 1565 guiando la expedición de Miguel López de Legazpi, dando origen a la evangelización de aquel archipiélago asiático.

En sólo 32 años los agustinos se propagaron desde Texas en Estados Unidos hasta Tarija en el sur de Bolivia, con ramificación hasta las Islas Filipinas.

Faltaba Chile

Felipe II, conocedor del empuje y obra realizada por estos religiosos, envió sendas cédulas al Virrey del Perú y al Provincial P. Juan de Almaraz, manifestando su deseo de que también ampliasen su labor en Chile; pero las circunstancias por las que atravesaba la Provincia del Perú, el aumento de las vocaciones, conventos y doctrinas fueron más que suficientes para frenar las aspiraciones del Monarca. No obstante el Rey insistió y a los dos años, en 1594, reiteró su deseo y orden.

Gobernaba a la sazón el dinámico P. Alonso Pacheco, quien aceptó el reto de tomar a su cargo esta tarea en la levantisca Gobernación de Chile. Si bien contaba con más de 1,000 religiosos, éstos estaban diseminados por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia en un centenar de conventos y más de doscientas doctrinas distribuidas en no menos de cinco millones de Kms. cuadrados y más de 10.000 Kms. de caminos, a través de cordilleras, ríos, desiertos y selvas.

El P. Pacheco seleccionó a los PP. Cristóbal de Vera (como Vicario Provincial y Superior), Francisco Díaz (Subprior), Francisco Hervás (Teólogo) y Pedro de Torres (de apacible carácter, quien posteriormente llegaría a ser Provincial del Perú y Chile) y a los profesos Juan de Sotomayor y Agustín Ramírez, futuros primeros agustinos ordenados en Chile.

Esta expedición salió de El Callao el 29 de enero de 1595 y llegó a Valparaíso el 16 de febrero del mismo año. Tras una afectuosa recepción oficial y otra bastante agresiva por parte de quienes se sentían afectados en sus derechos o intereses, los agustinos se establecieron en la misma manzana que actualmente ocupan en Santiago.

Aquietados los ánimos, se dieron de lleno a su tarea primordial: la evangelización de los indígenas, desperdigados por toda la región central. Ya a los tres meses de su llegada a Chile, el P. Pedro de Torres fue a La Serena y fundó un convento en 1595, como base para la cristianización indígena de los Valles del Elqui, Limarí, Choapa y Longotoma. Por su parte, el P. Francisco Díaz, también el mismo año, se dirigió a Millapoa (Rere), puerta de entrada para establecer contacto con la aguerrida nación araucana; logró fundar un convento, que apenas duró cuatro años, debido a la oposición de los nativos opuestos a los avances de las huestes hispanas. A causa de esta misma generalizada rebelión araucana, desapareció también el convento fundado en Valdivia el año siguiente de 1596. La razón de estas dos fundaciones obedecía a su deseo de evangelizar la Araucanía, "jamás a dominio extranjero sometida", como bellamente cantó Ercilla en su epopeya "La Araucana".

Durante los primeros cinco años desplegaron su accionar apostólico en más de 1.300 Kms. de la región central. Como por el momento no se vislumbraba la reducción del pueblo araucano, los fundadores circunscribieron sus actividades a la parte más céntrica de Chile.

Así en 1600 fundan casas en La Chimba (ribera norte del Mapocho en Santiago); en 1601, en las chacras de Ñuñoa (a 5 Kms. al este de la capital); en 1603 se establecen en las riberas del Aconcagua; en 1608 lo hacen en Longotoma, a mitad de camino entre Santiago y La Serena y también se radican en tierras regadas por el Maule, dando principio al futuro gran convento de Talca, ciudad en cuya fundación intervienen activamente, a tal punto que se llamó San Agustín de Talca; en 1621 se aproximan nuevamente a la Araucanía y fundan convento en La Concepción de Penco, trasladado a la actual Concepción, a raíz del gran terremoto y maremoto que asoló dicho pueblo el 1751; en 1627 se instalan definitivamente en Valparaíso.

Provincia Agustina de Chile.

La notable expansión en casas y número de religiosos de la Viceprovincia de Chile, subordinada a la Provincia del Perú, la distancia de unos 5.000 Kms. que las separaba, el frecuente hostigamiento de piratas y bucaneros que devastaban las costas del Pacífico (única vía de comunicación de entrambas), aconsejaban la separación para su buen gobierno. Esta se concretó el año 1629. Desde entonces, libre ya de tutela tan lejana, la Provincia de Chile creció más y más.

Avencio Villarejo, o.s.a.

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