3 de enero de 2011

La Santa Sede siempre ha condenado todo tipo de violencia, no solo contra los crstianos. Por la primera vez un Papa habla de una "estrategia" que apunta a los cristianos


Benedicto XVI condena el atentado en Egipto y teme un plan mundial contra los cristianos, pero el Imán Al-Azhar, una de las máximas autoridades religiosas musulmanas sunnitas, lo ataca: "Palabras inaceptables, es una injerencia". Por la primera vez el Pontífice habla de una estrategia contra los cristianos. Los coptos en la plaza piden venganza. Reflexión del periodista experto en temas vaticanos Andrea Tornielli -del periódico italiano Il Giornale. Traducción de El Buen Consejo.

Las palabras pronunciadas por el Papa en favor de los cristianos perseguidos representan una "intervención inaceptable en los asuntos de Egipto". La visión de Benedicto XVI es "desequilibrada sobre los musulmanes y los cristianos que arriesgan ser asesinados en todo el mundo: ¿Por qué el Papa no pidió la protección de los musulmanes cuando eran masacrados en Irak?"

Leyendo las declaraciones de Ahmed al-Tayeb, gran Sheik de la Universidad egipcia de Al-Azhar, el más importante y prestigioso centro del Islam sunnita, queda uno estupefacto: acusa a Ratzinger de injerencia, porque continúa a llamar la atención sobre los cristianos y a invocar la intervención de los responsables de las naciones e favor de la libertad religiosa. Uno queda estupefacto sobre todo porque el Sheik de Al-Azhar es considerado un liberal moderado y un hombre de diálogo, presente a menudo en los encuentros interreligiosos, que ayer quiso visitar personalmente al jefe de la Iglesia Cristiana Copta, Shenouda III, expresándole sus condolencias por el bárbaro atentado que provocó 21 víctimas fuera de una iglesia en Alejandría. Al-Tayeb quiso calificar como excesivas y desequilibradas las intervenciones papales en favor de los cristianos, cristianos que, en el caso de las víctimas de Alejandría, no son católicos, pero pertenecen a la antiquísima comunidad copta precalcedonense.
El Papa, en suma, ante las masacres de Navidad -en Irak, n.d.r.- y de Año Nuevo, ante las autobombas en las iglesias o a las bombas usadas para hacer explotar a los cristianos iraquíes, no debería ni siquiera alzar la voz. O mejor, puede incluso hacerlo, bastando que se limite a pedir oraciones, pero sin apelar la autoridad de los distintos países, porque, en este caso, se trataría de injerencia.
¿Qué dijo el Papa? En San Pedro, el día de Año Nuevo invitó a la humanidad a no "mostrarse resignada a la fuerza negativa del odio y de la violencia", explicando que "no debe habituarse a los conflictos que provocan víctimas y ponen en riesgo el futuro de los pueblos". Habló de las "discriminaciones", "abusos" y de las "intolerancias religiosas, que hoy golpean en modo particular a los cristianos". Exhortó a todos a orar, añadiendo que para construir la paz "no bastan las palabras, se necesita el compromiso concreto y constante de los responsables de las naciones".
Y ayer definió como "un vil gesto de muerte" el atentado de Alejandría como también las bombas en Irak, hablando de una "estrategia de violencia que mira a los cristianos". Es un poco difícil leer estos llamados como una injerencia o como un "desequilibrio" del Papa, ya que precisamente desde la Santa Sede -en su momento contraria a la guerra contra Irak- han llegado siempre condenas de todo tipo de violencia, no solo por los ataques contra los cristianos. Las palabras de Benedicto XVI dan testimonio, en todo caso, de una preocupación creciente en los vértices de la Iglesia. El Papa no había jamás hablado tan explícitamente de una "estrategia" que apunta a los secuaces de Jesús. Por esto también impresiona el anuncio dado hace tres días, de la convocatoria de una reunión en Asís de los líderes de las religiones mundiales en octubre próximo, para "renovar solemnemente el compromiso de los creyentes de todas las religiones a vivir la propia fe religiosa como servicio a la causa de la paz". La ocasión es el 25 aniversario del encuentro presidido por Juan Pablo II en 1986, una cita que fue materia de muchas críticas debidas a algunas irregularidades y abusos causados por la ligereza de los organizadores, que concedieron lugares de culto católico para oraciones tribales.
Abusos que no se repitieron con ocasión de las otras dos jornadas de Asís, convocadas siempre por Juan Pablo II en 1993 y 2002. Entre quienes habían prestado más atención a las objeciones a las modalidades de desarrollo del primer encuentro de Asís estaba justamente el entonces cardenal Ratzinger, el cual, en un libro, habló de "peligros innegables" y de interpretaciones erradas: la reunión de todos los líderes religiosos podía dar la idea que todos los credos eran iguales. Pero Ratzinger explicó también que estas ocasiones deben realizarse "sólo como un signo en situaciones extraordinarias, en que, por así decir, se eleva un grito común de angustia que debería mover el corazón de los hombres y al mismo tiempo alcanzar el corazón de Dios".
En 1986 había el temor de un conflicto nuclear, en 1993 la guerra en Yugoslavia, en 2002 el riesgo del "desencuentro de las civilizaciones" después del atentado contra las Torres Gemelas. Hoy, Benedicto XVI, para repetir aquel gesto, debe considerar "extraordinaria" la situación que vive la humanidad. Y ante quien instrumentaliza la religión para fomentar odio, división, terrorismo, relanza al mundo una llamada a favor de la libertad religiosa, invitando a los líderes de los diversos credos a construir la paz para contener el fundamentalismo y sus señores ocultos.

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