8 de octubre de 2006

1+1=1




Homilía del 27° domingo del Tiempo Ordinario



Este domingo pasamos a un tema diferente al que estábamos reflexionando el domingo pasado. La razón de este salto obedece a que estamos haciendo una lectura continua del evangelio de Marcos, que es el evangelista que nos acompaña durante este año. Si observamos los calendarios litúrgicos, veremos que este año lleva una “B”, lo que significa que este año, en los evangelios del tiempo ordinario, leeremos a Marcos, mientras que los años señalados con una letra “A” son reservados al evangelio de Mateo y la “C” para Lucas. ¿Y Juan? Dado que su visión es diferente a los tres anteriores –también llamados “Sinópticos”, porque presentan una visión de conjunto [significado de la palabra griega sinopsis] de las enseñanzas del Maestro- y plantea un ritmo más teológicamente elaborado, se reserva para fechas y momentos especiales de la Liturgia de la Iglesia. Con esta explicación –que nunca está de más, para comprender la maquinaria de la Liturgia que como Pueblo de Dios celebramos cada domingo y cada día-, abordemos las lecturas de este domingo.
El evangelio de hoy presenta dos temas que se ven inconexos: la disputa entre Jesús y los fariseos sobre el divorcio y, luego, la clásica enseñanza sobre Jesús y los niños. No porque nos parezca menos importante el tema de los niños, sino porque hay una conexión mayor con la primera lectura, abordaremos el primer tema, esto es, el divorcio.
Observamos en el texto una disputa entre el Maestro Jesús y los fariseos, quienes le preguntan si es lícito a un hombre abandonar la propia mujer, a lo que se recuerda el acto de repudio que permite Moisés en el Judaísmo porque [el marido] descubre en ella algo que le desagrada (Dt 24,1). Sin embargo, Jesús propone algo más audaz, interpretando dicha posibilidad como producto de la dureza del corazón de ustedes (v. 5). ¿Por qué Jesús llega a decir esto? Porque al inicio de la creación Dios los creo hombre y mujer; por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y los dos serán una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido (v. 6-9).
Para comprender mejor el tema, la primera lectura nos muestra en vivo y en directo la creación de la mujer y la institución del matrimonio en el libro del Génesis. Pongamos sobre el tapete algún elemento que nos sirva a comprender mejor el texto: vemos que Dios crea los animales y se los presenta al primer ser humano para que les ponga nombre –esto significa, en lenguaje bíblico, que es el hombre la medida de las cosas, el señor de la creación y que tiene el poder, dado por Dios, de otorgar el nombre y la función de cada animal en la creación… dicho poder sólo podrá ser administrado genuinamente si se ejerce en comunión con Aquel que creó todo-, pero aun así, el hombre se siente solo. ¿Qué hace Dios? Es bella la imagen: no quiere al ser humano dueño de todo lo hermoso que Él creó y con una herida de soledad en su corazón porque no tiene alguien que sea igual a él, con quien realizar un proyecto de vida y comunión. Dios ha dejado su huella en el ser humano, y esa huella es su carácter social, esto es, la capacidad de relacionarse, abnegarse, amar, entregarse al otro, tal como Dios es. Y Dios hace adormecerse al hombre y, de su costilla, genera a la mujer. ¡Cuidado con esta imagen, que puede hacernos creer en una supuesta inferioridad de la mujer respecto del hombre, cuando es todo lo contrario! La imagen de la mujer salida del pecho, del corazón del hombre representa la íntima unión de la mujer con el hombre, que la lleva en su corazón y por eso pueden llegar a complementarse mutuamente, cosa que se expresa en el canto de alegría del hombre cuando ve a la mujer frente a él: ¡Esta sí que es carne de mi carne y hueso de mis huesos! Con ella puedo hacer realidad la felicidad en la vida.
Ahora bien, salvadas estas cosas, podemos recordar el apelo de muchos que dicen: ¿Por qué la Iglesia no reconoce el divorcio de una vez por todas? Creo que la Iglesia sí reconoce una realidad, y esta nos dice a todos que hay parejas que después de un tiempo de casados, deciden separarse por incompatibilidad de caracteres; o matrimonios donde predominó la violencia y urgentemente era necesaria la separación para salvaguardar la integridad física de la esposa y los hijos; pero también reconocemos parejas que llevan mucho tiempo de casados y, no obstante los obstáculos surgidos de la convivencia, tratan de seguir adelante su proyecto de amor no como una cruz, sino como algo gozoso cada día. Es doloroso pensar las razones del rompimiento de las parejas casadas, que llevan a muchas parejas espectadoras de dichas situaciones a tomar el camino de la convivencia buscando no fracasar en una relación de amor que ni saben hasta cuánto tiempo se extenderá. De más está decir que el sacerdote que escribe no es casado, razón que muchos esgrimen para argumentar que no saben lo que dicen, porque no lo conocen de cerca. ¿Qué nos tienen que venir a sermonear a los casados? Bueno, respondería yo, no es necesario probar la pasta base para decir que es mala, ni he estado recostado en una hamaca bajo una palmera en una isla de la Polinesia para decir que podría ser espectacular veranear allá… pero sí vivo con otras personas, y la diferencia de caracteres con sus consiguientes momentos de desencuentro y de alegría pueden ayudarme a comprender una realidad que pasa mucho por la convivencia humana.
· Para Jesús, no hay distinción de cuerpo y alma: esto es muy importante, tal como veíamos el domingo pasado. Así como el ojo es el sinónimo para indicar el comportamiento conmigo mismo y la mano designa el comportamiento social, el cuerpo por entero es la expresión de quien soy. No tengo un cuerpo, sino que soy un cuerpo. Por ende, una muestra suprema del amor que yo doy a otra persona pasa por la entrega de mi amor a través del cuerpo; vale decir, la sexualidad, que es bella en sí misma, no contaminada por la mirada morbosa y comercial de la pornografía, que convierte al cuerpo en un objeto. El placer es bueno y hermoso, pero ¿qué pasa cuando el placer se transforma en mercadería? ¿no estamos llamados a algo más que eso?
· Complementarse: Cuando me correspondía dar alguna charla a parejas que se preparaban para el matrimonio, les decía: conózcanse bien antes de casarse, nadie les está apurando, pololeen bien, peleen antes y conózcanse en esa faceta, no vayan a descubrirse sorpresas después del matrimonio, luego piensen en los hijos… no los tengan para intentar salvar una relación que está en franco deterioro, un hijo es un hijo, no un parche curita; no lo llamen a formar parte de su amargura, arréglense ustedes primero… no hay que olvidarse que el matrimonio es convivencia, y que las heridas de la vida, la capacidad de resolver problemas, la soberbia y la humildad, la capacidad de callarse, negarse, reconocer en el otro lo bueno y tantas otras cosas cuentan decisivamente en el éxito de un matrimonio –y ojalá muchas parejas puedan pedir ayuda profesional o espiritual cuando vean que están naufragando-. No hay que confiarse en esas versiones azucaradas del amor: para que la cosa sea dulce, hay que saberse escuchar y perdonar. Sólo así se llega a ser una sola carne.
· Un sí que es diario: No se dice sí sólo ante el altar, sino que cada día: cuando me levanto y veo a mi pareja a mi lado, debo decir sí; cuando preparo la comida o salgo a trabajar digo sí; cuando hay que planchar una montaña de camisas o solucionar una montaña de deudas digo sí; cuando perdono y tengo que callar por amor, aunque me cueste, digo sí; y hay que decirlo.

Es difícil entregarse por completo por medio del amor. Hay elementos externos que hacen impopular esta opción y hay muchas personas que caminan heridas producto de matrimonios que se deshicieron. Hoy observemos el Evangelio y descubramos cuán sagrado es el amor; no sólo el amor de Dios, sino que el nuestro, el que podemos entregar a los demás. Para quienes viven esta opción de vida, ojalá puedan ayudar con su testimonio a quienes comienzan o están pasando por un mal momento en su relación –por favor, es duro cuando sucede esto y quienes están pasando por este trance merecen todo nuestro acompañamiento y nuestra amistad-; y para quienes han debido tomar la dura opción de la separación, luego de la tormenta existe siempre la posibilidad de seguir viviendo, seguir luchando y que la vida no termina luego de una relación que siguió rumbos tristes. Como he visto muchas personas que lo han hecho.

2 comentarios:

  1. hola niño...despues de leer la homilia, entendi 1+1=1...muy lindo...
    hoy vivi una misa de la familia, aca en lomas y la hizo el padre DAniel...menciono varios aspectos que dices tu en la homilia...fue entrete...

    cuidese mil besitos...y a estudiar a estudiar se a dicho
    jijijij

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  2. holitas jaja wena esta cosa!1
    ya eso a studiar se ha dicho!
    ya basta de andar lseando
    jaja ya
    eso

    beshitos
    adiio!

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